Billete de vuelta

Aquí sigo, esperando en la misma parada de la estación que te encontré. Sola. Observando pasar trenes que no se detienen. Esta no es su parada. Quizás alguno, por error, se detenga, quizás alguno se extravíe y me encuentre. Quizás tú decidas usar ese billete de vuelta que te regalé, ese que nada más ver rompiste, ese que desechaste sin pensar. Quizás no fuese yo tu parada, quizás no fueses tú mi tren, quizás todo este entramado de vías tan solo formen parte de una red ferroviaria fantasma, un simple recuerdo de un pasado que no volverá a nacer.

Entre las cortinas

Sí, allí estaba, como imaginé, pero no se hallaba sola. Estaba acompañada, por un soldado. Mis ojos se abrieron como platos al percatarme de su presencia, corrí a ocultarme entre las cortinas que separaban mi cuarto del comedor. Había acudido a su silencio. Mamá nunca callaba, excepto ese día. Por eso, por un segundo pensé que se había marchado de casa, pero ¿a dónde? «Aquí no hay nada qué hacer», pensé. ¿Qué iba a hacer en la calle? No teníamos dinero para comprar, y tampoco había nada qué comprar. Desde que nos encerraron aquí, nuestra vida pasó del lujo a la pobreza en un abrir y cerrar de ojos, del todo a la nada. ¿Por qué? Por nuestra condición judía.

Mamá estaba arrodillada, con la cabeza mirando al suelo. Lloraba, no hacía ruido, pero yo conocía su llanto mudo. Su mirada se posó durante una milésima de segundo en mí, de manera muy disimulada, ella sí que sabía fingir. Me habló con la mirada, fue un instante ínfimo, quizás más corto que un pestañeo, pero la entendí. Me quedé escondida a la espera de lo que ella ya sabía que sucedería. Era lo que nos había tocado vivir, y con una fortaleza, para muchos impensable, experimentábamos una vida llena de sufrimiento, represión y muerte. 

El soldado extendió su mano, apuntando con su pistola la cabeza de mamá. No había tiempo para llorar. Nunca lo hay, y sin embargo siempre lo hacemos. Abrí bien los ojos, no quería que la última persona que la viese con vida fuese su asesino. Y casi sin parpadear, observé como ese alemán insensible le quitaba la vida a la persona que a mí me la dio. Para él, no significaba nada, para mí lo era todo.

Vivir

Cuando llegamos a esa edad en la que damos por sentado que un día, más tarde o más temprano, moriremos, dejamos de ver la vida, dejamos de emocionarnos por la belleza que nos rodea, y nos centramos en la muerte. Hasta que unos días, meses o años antes de que dicho acontecimiento ocurra, nos damos cuenta de que estamos vivos y nos arrepentimos del tiempo que perdimos temiendo lo que ya sabíamos que llegaría, sin disfrutar lo que en ese momento teníamos.

Fin

Desde el cielo el mundo es de otro color

Desde el cielo el mundo es de otro color: la gente es generosa, humilde, altruista, las risas de los pobres son más valiosas que la fortuna del rico, la tristeza es efímera, la felicidad infinita, el amor que emerge de los corazones detiene el llanto de las nubes y dibuja el arcoíris; un puente de colores que une la lluvia y el sol, la tristeza y la felicidad, el amor y el odio, la paz y la guerra, todo se vuelve uno cuando escuchamos a nuestra voz interior, cuya pureza jamás perdió.

Desde el cielo el mundo es de otro color. Un color que en la tierra no vemos y nos viste de amor.

El valor de una carta

Su delicada ortografía y las amorosas palabras que emergen del corazón del autor convierten a la carta en una joya de gran valor sentimental. Pero si, además, se la adereza con unas tímidas lágrimas, su valor aumenta. Hasta alcanzar un precio que tan solo el corazón a quién va dirigida tendrá derecho a pagar.

Solo su receptor entenderá la magnitud y profundidad de esas palabras.

Solo él será capaz de ver las lágrimas del escritor.

Solo su corazón percibirá su emoción. 

Hambre

El sonido de ese rugido tenebroso, me ha vuelto a avisar. Siento miedo. Trato de protegerme con mis delgados brazos, pero nunca calla. Nunca. Siempre halla el momento para gruñir, para asustarme y hacerme llorar de dolor, mientras me revuelco por el frío suelo, a la espera de que un mendrugo de pan silencie el lamento de mi estómago vacío.

El llanto de las almas

Las almas desconocen el significado de las palabras: violación, asesinatos, agresión, odio…

La maldad no forma parte de su naturaleza.

Lloran cada vez que ven las terribles actuaciones que las personas acontecen.

Y sus lágrimas invisibles y mudas inundan nuestros corazones de impotencia, rabia y dolor.

Distintamente iguales

Tú caminas sobre dos patas, yo sobre cuatro.

Tú hablas un idioma, yo otro.

Tú te emocionas por unas cosas, yo por otras.

Sí, somos distintos, pero ambos caminamos, hablamos y nos emocionamos igual.

Y llegaste tú

Con solo ver tus ojos necesitados de amor y tu alma hambrienta de cariño, me enamoré de ti. Llegaste de manera inesperada, acaparando todo ese amor que yo necesitaba donar y que tú, sin rechistar, recibiste con gusto. Fuiste, sin desearlo, uno de esos impulsivos antojos que entran por la vista y que, cuando se desgasta el envoltorio, se desecha sin más. Para mi suerte mamá es una amante de esos desechos que nadie quiere. Y cuando llegué a casa y te vi venir hacia mí por el pasillo, con tus grandes orejas y tus ojos miedosos, supe que mi corazón te esperaba, anhelando iluminar tu mirada. Solo a ti. Solo a ese perro que nadie quería, pues era para mí. 

¡Gracias por llegar a mi vida, Buda!

Aportación al blog: Nosotras, que escribimos

La voz de mi corazón

Me equivoqué, no supe escuchar y ahora mi alma permanece moribunda en un mar de miedos e incertidumbre. Todos me dicen que tras la noche hay día, pero los querubines que abren las compuertas al astro rey, parecen haberse olvidado de mí. Demasiado tarde, pienso. Ya no hay vuelta atrás. Me envuelve un silencio lúgubre y por primera vez la suave voz de mi corazón grita con fuerza, llena de cólera. Y decido escucharla. Un pequeño y tímido hilo luminoso aparece por el rabillo de mi ojo. Está amaneciendo. Mis sensibles ojos, acostumbrados a la penumbra, tardarán en acostumbrarse de nuevo a la luz, pero la recibo como si volviese a encontrarme, después de mucho tiempo, con un familiar muy querido. Al principio quizás me sienta algo cohibida, pero pronto volveré a disfrutar del calor de sus abrazos.

También lo hallarás, junto a otros escritos, en mi blog de autora de Sabes Leer.