El valor de una carta

Su delicada ortografía y las amorosas palabras que emergen del corazón del autor convierten a la carta en una joya de gran valor sentimental. Pero si, además, se la adereza con unas tímidas lágrimas, su valor aumenta. Hasta alcanzar un precio que tan solo el corazón a quién va dirigida tendrá derecho a pagar.

Solo su receptor entenderá la magnitud y profundidad de esas palabras.

Solo él será capaz de ver las lágrimas del escritor.

Solo su corazón percibirá su emoción. 

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