Reflexiones de una loca aprendiz de su propio mundo   

Vivimos en un mundo en el que desde pequeños nos enseñan a crecer sí, pero no como personas, sino como productos de un sistema muy bien atado y cuadriculado. Si tú, que has sido educado para formar parte de su inflexible puzzle, no encajas, aún y después de haberte moldeado desde bien pequeño, dejas de pertenecer a su mundo. Sí, como lo oyes, nos han engañado diciéndonos que solo existe un mundo, el que ellos han confeccionado a su gusto para, supuestamente, nosotros, pero no. Existen tantos mundos como personas, cada persona puede crearse el suyo, siempre y cuando nos den, o mejor dicho, seamos capaces de crear, las alas y la confianza que necesitamos para hacerlo. 

Si eres de los que consideran que la persona que ha escrito estas lineas está loca, posiblemente tengas razón, porque a todos los que no formamos parte de ese puzzle, se nos denomina locos. Pero, ¿qué es la locura en un mundo donde cada día muere una mujer a manos de su pareja, donde hay un niño ingresado muy grave en el hospital a causa de la brutal paliza de su padre, cuando miles de animales mueren cada 3 segundos para convertirse en comida, donde todo lo que se consideraba amoral antaño hoy se comete a diario delante de nuestras narices sin que ninguna de esas piezas, bien colocadas y encajadas del puzzle, se revele?
Es curioso etiquetar a alguien como “loco” cuando a su alrededor hay decenas de personas potencialmente peligrosas, y en este caso de verdad, no como en el de las injustamente etiquetas razas de perros. El ser peligroso o no, no viene estipulado por el tamaño y fuerza de tus mandíbulas, sino por la perversidad y falta de empatía que se haya en tu corazón. 
 
Y bueno, empecé este pequeño escrito con el fin de hacerte ver que a tu alrededor existen muchos mundos posibles, no solo en el que desde pequeño te han obligado a vivir, sino que siempre que tú lo creas y tengas la fuerza de voluntad para ser una de esas piezas que se revelan y decidan salir del perfecto montaje de piezas, conscientemente seleccionadas, confeccionadas y moldeadas. 
 
Por que nacimos siendo piezas únicas e irreemplazables, piezas de colección que nadie debería tener el poder de moldear a su gusto, porque cuando aceptamos vivir con otra forma y en otro molde, dejamos de vivir y empezamos a morir. 
 

El Principito – Antoine Saint Exupery 

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