Carta de una madre

Querida hija,

Siento decirte que esta no es la carta que toda madre desea entregarle a su hija. Pero es la única manera que he hallado para poder seguir a tu lado, para que me sientas siempre contigo, en lo bueno y en lo malo, y halles en mis palabras a esa madre que hubieses querido tener.

Te soñé desde muy pequeña, antes si quiera de saber cómo se hacían los niños ya quería tenerte, y cuando tu padre llegó a mi vida tu luz brilló con más vigor que nunca. Nos costó mucho, pero al final después de mucha paciencia y alguna que otra terapia psicológica, que ayudase a levantarle los ánimos a mamá, llegaste tú.

La primera vez que te vi, fue en la pequeña pantalla del test de embarazo, en ella salía una carita sonriendo, esa eras tú, sin duda. Y me contagiaste tu felicidad desde el primer momento en que supe de tu existencia. Viví inmersa en un maravilloso sueño durante meses, cinco para ser exactos. A todas las personas que me cruzaba por la calle les enseñaba tu ecografía. ¡Me sentía tan orgullosa de ti! Sabía que me harías la mamá más feliz del mundo, y no me equivocaba; lo soy.

Hasta que un día ese sueño se disipó, dejando que la realidad del mundo se apoderara de nuevo de mí, arrebatándome mi sueño, y reclamando mi vida. No fue fácil de aceptar el cáncer, pero lo hice. De hecho esta carta es parte de dicha aceptación pues, aunque inevitablemente la vida se me escapa de las manos, sé que gracias a estas letras perdurará en las tuyas.  

La situación al parecer no es nada alentadora, papá intenta fingir, hacerme ilusiones, o mejor dicho engañarse a sí mismo. Pero yo sé la verdad, lo sabía desde antes incluso de conocerte, un sueño como tú vale mucho, y he de pagar un precio; coste que, una vez vea tu carita sobre mi pecho, habrá merecido la pena abonar.

Una vez aceptada mi situación, recuperé mi sueño. Volvió a ser una de las mejores etapas de mi vida, por el simple hecho de tenerte en mi interior.  Te sentía. ¡Oh, cómo amaba sentirte! Y te hablaba, intentando que de algún modo mi voz también se quedase en tu memoria. Pero esta es una tarea más compleja, pues los sentimientos se pueden expresar con palabras pero… ¿Y la voz? ¿Y esa emoción que siento al pensar en ti? ¿Cómo compartirla contigo? ¿Cómo hacerte llegar todo lo mío, para que en su día lo sientas tuyo? No lo sé, he hecho lo que he podido, y esto es todo cuanto puedo ofrecerte.

Aún no sé qué va a pasar con exactitud, ni cuánto tiempo vamos a poder estar juntas, pero lo que sí sé es que te amo con toda mi alma, y si volviese a nacer volvería a dar mi vida por ti sin pensarlo. Porque tú eras mi misión de vida. Tu llegada a la tierra ha eclipsado mi luz. Ahora eres tú quien debe iluminar a papá, al abuelo, a la abuela, a todos.

Mi tesoro, mi niña, mi sueño vive plenamente tu vida. No te sientas inferior a nadie, pues no lo eres. Se fuerte, valiente, generosa…pero sobre todo sé feliz.

 

Te amé, te amo y te amaré, siempre.

Tu mamá.

 

Dedicado a todas esas luchadoras que la vida se lleva antes de tiempo.

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