Capítulo 6: Un deseo fugaz *.* ¿Jugamos?

“Cuando la luna asome rodeada de sus hijas, las estrellas, sabrás que ha llegado la hora de soñar.”

Te estoy perdiendo. Mi voz cada vez suena más débil en tu interior, otorgándole mayor poder a esa otra que te hará caer. Esa que te habla mal de mí y te separa de nuestro amor.

Siento como la perla que sostiene mi delicado cuerpo empieza a moverse. Me tambaleo. Nunca antes había vivido una situación así. La calma que sentía al estar sobre ella, desaparece. Abro los ojos, sin despedirme de ti, pues me ha pillado desprevenida. Observo que a mi alrededor se han congregado centenares de hamias. Todos colocados sobre sus respectivas perlas. Es, de hecho, su intensa luz el motivo de que vuestra limitada visión del mundo perciba nuestra presencia. Solo la noche es lo bastante oscura para hacernos visibles a vuestros ojos.

Busco asombrada con la mirada alguna explicación a tan inesperado acontecimiento. Vislumbro que el blanco es el color que todos los hamias emiten, el mismo que el de sus perlas. Todos están felices, menos yo. El azul oscuro que cubre mi ser así lo refleja.

Nextor llega levitando sobre su perla y se coloca junto a mí. Me sonríe, pero no hallo fuerzas suficientes para corresponderle de la misma forma. Ya no tengo motivos para sonreír.

A lo lejos observo como un tono rosado intenso pinta nuestro hogar. Me sorprendo ante tal belleza.

—¿Habías visto alguna vez algo tan hermoso? —Me pregunta Nextor, mientras se sube a mi perla para estar más cerca de mí.

En ese momento, una respuesta automática llega como un flash a mi mente: tú. Tú eres lo más hermoso que jamás he visto, pero entiendo que Nextor no se refería a ti, sino a ese inesperado tono que ha adquirido nuestro cielo. Niego con la cabeza, aun y sabiendo que le estoy mintiendo.

—¿Sabes qué significa? —Vuelvo a negar.

—Hoy es una noche especial para los hamias.

—¿Por qué? ¿Qué tiene de especial esta noche?

—Todo en ella es especial, desde ese tono rosado que adquiere nuestro cielo hasta ese desesperado suspiro que los humanos lanzan al aire sin entender por qué. Hoy las compuertas de nuestro hogar se abrirán, permitiéndonos sobrevolar sobre esas almas perdidas que en sueños tratamos de guiar.

—¿Podré sobrevolar sobre… él?

—Así es, solo por esta noche.

—¿Son… Pueden… —dudo— reconocernos?

—Nunca, durante la lluvia de estrellas, un humano ha reconocido a su hamia. Nunca… excepto en una ocasión.

—¿En una? ¿Qué hamia tuvo el honor de ser reconocido por su avatar?

—Yo.

—¿Tú?

—Así es. Fue hace millones de años, cuando yo era, por así decirlo, un principiante en el arte de guiar.

—¿Quién era tu…?

—Helia —contesta antes siquiera de que me dé tiempo a acabar mi pregunta.

Su revelación me deja sin palabras. Es imposible. No sabía que Nextor fue el hamia de Helia. Ambos, desde que llegué, son como unos padres para mí, y entre ellos se respira una complicidad especial pero nunca hubiese pensado que…

—Ella era para mí, más hermosa que esta panorámica, —dice señalándome el fondo rosa que nos envuelve. —Ella lo era todo. Me…—mira a ambos lados, para ver si el resto de hamias están pendientes de a conversación— enamoré.

—¿De una humana? —digo alzando demasiado mi voz.

—Sí —afirma avergonzado.

—Pero si los hamia no podemos… —Bajo el volumen tras darme cuenta que hemos llamado demasiado la atención—. Tú me lo dijiste.

—Y hasta ese día, así era pero… yo desbaraté este principio. Para mí dejo de ser cierto. Todo lo que yo sentía no respondía a norma alguna. Me sentí solo y asustado. No tenía a nadie que me apoyase, a nadie que me guiase, pues por irónico que parezca, con el tiempo he descubierto que toda creación necesita su guía. No hay ser vivo en el mundo que no necesite ser guiado en algún momento de su vida, y yo lo necesitaba. Pero no hallé tal orientación por parte alguna.

—¿Y qué paso? ¿Qué hiciste? —Pregunto emocionada tras comprender que él pasó por lo mismo que yo.

—Me perdí. No supe hallar el camino para guiar a Helia, no supe hallar mi propio camino… Me dejé llevar por el placer de poder verla cada noche en sus sueños y cada segundo de su vida diaria. Me pasaba todo el día en su mente, pero yo no era ya quien jugaba con ella, sino que este rol lo había adquirido otro. Yo había dejado hacia mucho de guiarla, me olvidé por completo de nuestra razón de ser. Y ella… cayó. La parte maligna que habitaba en su interior me ganó a partida, y por consiguiente obtuvo su trofeo: ella.

—¿Perdiste?

—Así es. La parte buena que habitaba en el interior de Helia ascendió hasta convertirse en lo que es hoy, una preciosa hamia, y su cuerpo vagó por el mundo, sin nada ni nadie que le dijese qué estaba bien o mal. Una única voz tenía el poder sobre ella, sobre sus actos… —El silencio aparece sin previo aviso. El feliz murmullo que el resto de hamias emite se cuela en nuestra conversación, lo cual a ambos nos da un respiro para asimilar, en mi caso lo que acabo de oír, y en el suyo, lo que está a punto de decir—. Al cabo de unos años, sentí una necesidad imperiosa de volver a verla, y regresé a su mente… Lo que vislumbré aún sigue atormentándome a cada instante.

—Se convirtió en…

—Un monstruo sin escrúpulos, sí. — Vuelve a acabar mi frase, como si también fuese capaz de meterse dentro de mi mente—. Aquella mujer, a pesar de seguir cubierta por la bella apariencia de mi amada, no era ella. Su alma voló con su hamia, y nunca más volví a desear ver a esa criatura que me robó el sentido.

—Pero debe existir una última posibilidad de salvarlos —digo reflejando la impotencia que ha generado en mí su desgarrador relato.

Al verle negar con la cabeza sentí como un estremecedor aire helado atravesase todo mi ser.

—Cuando tu avatar se sienta en esa silla, toda oportunidad de ganar, se difumina. Esa gente, guiada tan solo por una única voz, tiene un poder sobre la mente humana del cual nosotros carecemos. Ellos pueden manipular sus deseos, sus pensamientos e, incluso, sus sentimientos. Nosotros aunque pudiésemos, jamás lo haríamos. Esto es lo que nos diferencia de ellos.

—Pero si perdemos, la maldad gana y todo el universo será regido por ella. Y sus ojos dejarán de ver nuestra luz como una señal.

—No podemos hacer más de lo que hacemos. Aura escucha: esta noche es para ti esa posibilidad que tanto ansías. Eres su última oportunidad.

—¿Esta noche?

—Sí, los humanos creen que si ven una estrella fugaz y piden un deseo, este les será concedido. Tú Aura eres su estrella fugaz, tú eres ese deseo que su alma anhela desde que te soñó; concédeselo.

—¿A qué te refieres?

—Vuela sobre él. Haz que te encuentre, que te mire y te desee.

—¿Helia lo hizo contigo?

—Helia me reconoció entre las miles de estrellas que esa noche surcábamos su cielo.

—¿Y?

—Yo, al ver su mirada iluminada por mi luz, me paralicé. Esa fue la escena más mágica que jamás he vivido. Yo estaba en ella y ella en mí. Éramos uno. Pero su deseo no llegó. Su alma estaba demasiado absorbida por la maldad, y la única luz que quedaba en su interior era la que yo le reflejaba.

El silencio nos roba las palabras. Un atisbo de esperanza anida en mi ser. Y es en este preciso instante cuando empezamos a introducirnos en tu mundo. Nos dejamos caer, como si la gravedad tuviese algún poder sobre nosotros, esparciendo a nuestro paso el polvo de estrellas que en su día nos creó, el cual es atesorado en el interior de las perlas, dibujamos un hermoso espectáculo de estelas luminosas en busca de sueños que cumplir.  

Continuará…

¡No dejes de jugar!

Capítulo 5: Y apareciste tú *.* ¿Jugamos?

“No existe arma más mortal que el amor.”

Sientes miedo, lo noto. Una parte de ti, ya se ha arrepentido de tu petición pero… es tarde. Ya no hay vuelta atrás. Todos, en su día, caímos en la trampa. Todos destruimos a nuestro intruso.

Quizás me equivoqué, quizás con un hamia más experimentado hubieses llegado al final de tu juego victorioso, cosa que conmigo no has conseguido. Lo siento. Siento haberte sentenciado a una vida sombría, donde el amor y la felicidad brillan por su ausencia. Créeme yo solo pretendía salvarte.

Una extraña sensación cálida me abriga todo el cuerpo, es Nextor, desde la lejanía, arropándome con su amor. Abro los ojos, me salgo de tu juego, total ya solo me queda ver el desenlace y ya me lo sé, pienso apesadumbrada. Alzo la mirada, mi cielo es distinto al tuyo, ojalá pudieses verlo, es… hermoso. No tiene fin, nada aquí lo tiene, todo es permanente. Nosotros sí podemos decir que vemos las estrellas, aunque no lo creas, no son como te las imaginas. Las verdaderas no brillan, solo se mueve y en ocasiones parpadean, como si nos hablaran, a veces creo entenderlas. ¿Tú entiendes a tus estrellas? ¿Las observas? Ojalá pudieses escucharme, pues te confiaría uno de los mayores secretos de la creación: yo soy tú estrella. Sí esa que vela por ti desde tu cielo, esa que puede verte desde cualquier parte del mundo, pero… tenemos los días contados. Pronto dejaré de ser esa estrella que brilla por ti.

Junto a mí noto la presencia de Nextor, se haya a mi lado, creí que se hallaba más lejos, pero la percepción mientras jugamos vuestras mentes, intentando llevaros por el camino correcto, se distorsiona.

—Ha llegado la hora, Aura. —me dice con su característica voz serena.

Asiento, pero mi interior no lo acepta. No puedo dejar que todo se acabe aquí. Me siento culpable de lo ocurrido y desearía poder enmendarlo ¿pero cómo?

—Aura, comprendo tu impotencia y sé en qué estás pensando. Yo en su día, pensé lo mismo contigo. Creí que aún podría salvarte, nunca crees que es demasiado tarde hasta que no ves a su hamia a tu lado, como yo te vi a ti. Solo entonces comprendes que ya nada puedes hacer y que lo mejor es intentar ayudar a otro humano. Céntrate cuanto antes en este último punto. Busca a otro. Hay millones vagando por el mundo, sin un rumbo qué seguir. Solo nosotros podemos aclarar su mente y salvarlos.

—O enviarlos al infierno —digo algo molesta por sus palabras. Nunca antes le he hablado de este modo, pero… pensar que ya nada puedo hacer por ti, que te he enviado a las fauces del diablo, me produce un ardor que prende esa mecha que todo buen hamia jamás debería mostrar. Yo soy distinta, lo sé. Lo supe nada más verte. Me enamoré de un humano, algo al parecer imposible para nosotros, que sin embargo yo he conseguido. Pero mi peculiaridad, este pequeño fallo que se halla en mi interior ha acabado contigo. En vida escuché decir a más de uno que el amor mataba, pero no ha sido hasta ahora cuando he comprendido que este dicho es dolorosamente real.

Me giro, no quiero seguir conversando con él. Estoy exhausta. Por mucho que intente ayudarme, por mucho que intente hacerme entrar en razón, no lo va a conseguir. Yo no soy como él. Yo no podría seguir iluminando el camino de ningún otro humano, sabiendo que el tuyo ya llego a su fin.

Cierro de nuevo los ojos, suerte que mis lágrimas son invisibles pues sino llovería continuamente sobre ti. La presencia de Nextor sigue arropándome, pero cada vez con menor intensidad. Se está dando por vencido. Yo no soy fácil. Nunca en vida obedecí las reglas que todos se empeñaban en imponerme. Ahora que al parecer solo queda la parte bondadosa de lo que fui, no debería temer por nada, no debería pensar en hacer lo que no me está permitido, sin embargo lo pienso a menudo. La reglas, sea cual sea mi condición con respeto a las leyes que rigen el universo, no están hechas para mí. Mi corazón es quien guía mi camino y el único que seguirá detenerme, llegado el momento.

Me adentro poco a poco en tu interior. No puedo verte, pues sigues en esa sala, pero el simple hecho de escuchar los latidos agitados de tu corazón me tranquiliza. Estás asustado, y trato de concentrarme aún más en ti, buscando enviarte esa caricia que consiga sosegar tu alma.

—¿Listo? —te pregunta la grave voz de tu doctor.

—Sí —le respondes en un susurro casi inaudible.

Un frío glacial me recorre todo el cuerpo. Siento como penetra desde el cuello hasta mi mente. Es ese líquido que te acaban de inyectar, el inductor del sueño. Mi capacidad de actuación sobre ti se inhibe. No puedo ayudarte, no en esta ocasión. Pero confío en ti, sé qué harás lo mejor para ambos. Suerte. Espero encontrar el modo de llegar a ti, de volver a verte en sueños, pero… si no lo consigo, por favor, no me olvides. No del todo.

El sueño se apodera de ti, y yo no puedo hacer nada más que esperar y tener fe.

 

La oscuridad me envuelve. ¿Dónde estoy? Me pregunto angustiado. Mi voz resuena como un eco lejano, nadie al parecer me oye. Me incorporo y de repente me viene el recuerdo fugaz de mi caída. Sí. Me he desmayado, creo. Pero no consigo evocar más allá. No veo nada. 

Creo… creo… me llevo una mano a la sien, me duele. El dolor es insoportable. Cierro los ojos y aprieto con fuerza. Consigo, al menos durante unos segundos, que el dolor remita. Vuelvo a abrir los ojos y… miro al lugar donde hacía un momento me había parecido atisbar un haz de luz. A mí alrededor no consigo distinguir nada. Todo tiene el mismo tono azabache, ¿Dónde estoy? Me vuelvo a preguntar. Y  el susurro de una voz, que creo conocer, me contesta:

—En tu sueño. Recuerda. Busca al intruso.

¿El intruso? ¿Se refiere a… Ella? ¿Está aquí? Abro con mayor entusiasmo los ojos. Y trato, en vano, de localizar algo distinto en la monótona negrura. De nuevo un pequeño punto de luz aparece al fondo. Es mi única referencia, así que decido seguirla. Quiero saber de qué se trata.

Camino con algo de pesadez. Siempre se ha dicho que en los sueños no se puede correr ni gritar pero, al parecer, andar tampoco es sencillo. La luz se va haciendo cada vez mayor pero, aunque empieza a iluminar parte de mi entorno, no me revela nada. No hay nada que revelar. Estoy en una especie de túnel oscuro. Es como esa Nada de la que hablan siempre, esa sensación que te deja vacío por dentro, que te succiona la vida… Mis ganas de caminar, de llegar hasta ese halo luminoso, se están apagando. Quizás sea la energía del lugar, mi cansancio o simplemente la señal de que la muerte viene a por mí. El resplandor de la luz empieza a parpadear cada vez con mayor intensidad. Siento como si me llamase. Creo sentir incluso mi nombre. Sí, la luz me llama. Intento correr, pero lo único que consigo es sentir una enorme sensación de impotencia por todo mi cuerpo. Deseo llegar hacia ella, pero algo me lo impide. Estoy convencido de que ella me librará de ese final que al parecer viene a por mí. Sigo caminando hasta que al fin, distingo una figura. Es… la silueta de una mujer, pero aún no la percibo con gran nitidez. Continúo avanzando. Ella me está dando la espalda. Sí, es el cuerpo de una hermosa mujer. Parece desnudo, sin embargo no me da tal sensación. La contemplo sin rubor, como si se hallase vestida. Al acercarme cada vez más a ella, percibo que la luz proviene de su cuerpo. Ella es mi luz. Atisbo como poco a poco se empieza a girar. Deseo por encima de todo, ver su rostro. Todo lo demás ya no importa. La oscuridad, el túnel, la Nada, la muerte… todo, a su lado, parece nimio.

Y justo cuando está a punto de girarse completamente y mostrarme su cara, de nuevo el susurro grave se filtra en mi sueño, recordándome mi misión.

—Mátala.

«Recuerdo sus palabras», pienso. Recuerdo como me dijo que debía acabar con el intruso. Pero las dudas nublan mi mente. Ella no es un intruso, solo es mi luz.

—Mátala. —Me ordena con firmeza.

Dudo, pero de repente noto entre mis manos un objeto. No consigo ver qué es. Con cuidado trato de deducirlo por su forma, su tacto… Es… un arma. «Con su mente podrá acceder a cualquier cosa que se imagine». Dice su voz en mi interior. «Pero… yo no he imaginado ningún arma», le contesto a mi propio recuerdo. Sin embargo, aquí está, entre mis manos, esperando a ser usada.

Al fin puedo ver el rostro de la beldad que me ilumina. Sus ojos grandes como dos pelotas de golf me muestran un mundo distinto. Me pierdo en ellos. Busco en su interior una razón para no cometer tal orden, solo con una me bastaría. Sé que no es un intruso. Siento como si ya la conociese. Y es entonces cuando en su mirada, hallo la imagen de aquella joven que lleva años acompañándome en sueños. Sus ojos verdes, su cabello castaño y su… sonrisa me cautivan de tal modo que soy incapaz de reaccionar a nada que no sea ella.

Sin darme cuenta mis brazos se ponen en movimiento, yo sigo embelesado en la imagen que aquellos grandes ojos me muestran. Le devuelvo su sonrisa, y justo entonces una bala atraviesa su cuerpo. El ensordecedor sonido del disparo me despierta de repente.

 

—Bien hecho —dice mi psicólogo, dibujando una sonrisa plena de satisfacción que me oprime el pecho—. Lo más difícil siempre suele ser el primer encuentro. Una vez borrado este, todos los demás sueños, desaparecerán sin que ni siquiera te des cuenta. Y habremos llegado al final de tu tratamiento —expone orgulloso.

Sin embargo, yo no lo siento como se supone que debería. Un enfermo desea poner fin a su enfermedad; yo, sin embargo, solo deseo volver junto a ella y no dejarla marchar nunca más.

Continuará…

¡No dejes de jugar!

Me interesa tú opinión 

¿Impresiones?

¿Te intriga la historia?

¿Qué te gustaría que pasara?

Te recuerdo, querido lector, que este es tan solo el principio del juego, espero que juntos logremos llegar hasta el final.

 

Reseña: Sentido y sensibilidad

Ficha técnica

Autora: Jane Austen

Obra: Sentido y sensibilidad

Editorial: Penguin Clásicos

Género: Literatura clásica

Páginas: 369

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Reseña

“Siempre la resignación y la aceptación. Siempre la prudencia, el honor y el deber. Elinor, ¿y tu corazón?” (Marianne Dashwood)

En ocasiones pecamos de prudentes, nos volcamos en hacer lo correcto, sin detenernos a escuchar lo que desea de verdad nuestro corazón. Todos estamos de acuerdo en que la sensatez, que en este caso es reflejada por el personaje de Elinor, es importantísima, es la antítesis de la insensatez, la imprudencia, la irresponsabilidad… Pero, por otro lado, llevada al límite puede cortar las alas a los sentimientos que tratan de aflorar de nuestro interior.

Todo en extremo es malo; ser tan racional y sensata como Elinor o tan pasional y sensible como Marianne, no es la solución para hallar la verdadera felicidad. La esencia de esta historia se haya en encontrar el equilibrio entre ambas.

La forma en que su autora, Jane Austen, sin duda una de mis escritoras preferidas, plasma estas personalidades tan distintas en sus dos protagonistas, las hermanas Dashwood, es exquisita.

Desde un principio trata de presentarte el carácter y la forma de ser de cada una de ellas, sumergiéndote en sus pensamientos y haciendo que te enamores de ambas. Empiezas, como en mi caso, creyendo que la clave se halla en elegir solo una de las dos personalidades, yo me inclinaba por la sensibilidad, juzgando al sentido como una característica más fría y distante, pero conforme la novela avanza me di cuenta, tras sentir en mi propia piel las vicisitudes y sufrimientos que las protagonistas viven, lo equivocada que estaba.

Como bien he dicho antes, ambas personalidades llevadas al extremo nos aportan un ápice de infelicidad: una por ser demasiado sensible, lo cual nos lleva a sufrir constantemente la dureza de corazón de algunas personas y también, y no menos relevante, a ser más impulsivos e insensatos; y la otra por centrar toda nuestra atención en la mente y no en el corazón.

Austen fue una destacada novelista británica, la cual a través de sus personajes retrató aquella sociedad que la rodeaba y, también de un modo muy personal y único, denunció algunas de las injusticias o hipocresías que la población acataba, sin llegar a perder cierto aire de ironía que le confiere menos dramatismo, a pesar de la gravedad de algunos sucesos, a sus novelas.

Su creencia en el amor verdadero era tan fuerte que basó todas sus obras en él. Y, en parte, se valió de ellas para conseguir sentir la felicidad, que ella misma no había podido experimentar, en la piel de sus personajes.

“Sentido y Sensibilidad” es una obra que nos permite bucear por diferentes tipos de personalidades, todas muy distintas entre sí, hasta llegar, tras de algunas vicisitudes, a comprender que el amor verdadero, ya sea de tipo romántico, filial, fraternal o simplemente amistoso… es la esencia de nuestra felicidad.

La exactitud con que la autora ampara cada acto de sus personajes, según la forma de ser, de pensar y sentir de cada uno de ellos, nos demuestra su increíble capacidad de comprensión de la psicología humana. Sin duda, todos los años en los que Jane vio pasar la vida como mera espectadora y plasmaba sus lágrimas en tinta, la ayudaron a profundizar en el aspecto más psicológico de sus personajes, llegando a adquirir personalidades dignas de admirar.  

Con respecto a la estructura más externa del texto, podemos apreciar como la utilización de frases largas, así como el decoroso lenguaje empleado,  imprimen de una belleza y un valor incalculable a esta asombrosa reliquia de la literatura clásica.

Una lectura que recomiendo a todos los que améis tanto como yo la literatura del XVIII, a Jane Austen, o a esos romances de época que te invitan a soñar y dejan volar tu imaginación hasta la última página escrita.

Citas hermosas

“—Mira, madre, cuanto más conozco el mundo, más me convenzo de que nunca encontraré un hombre que realmente valga la pena de ser querido. ¡Exijo demasiado!”

 

“—Conoce demasiado bien su propia valía para una falsa vergüenza —replicó Edward—. La timidez no es más que una sensación de inferioridad. Si yo lograse convencerme de que mis maneras resultan perfectamente graciosas y desenvueltas, no sería tímido. “

 

“Nunca es mi deseo ofender, pero soy tan neciamente tímido que a menudo parezco desatento, cuando sólo me retiene mi natural torpeza.”

 

“No es mi intención negar que tengo una gran opinión de él; que lo estimo profundamente, que me gusta.”

 

“Te imaginas que cualquiera que no sea como tú debe ser feliz. Pero recuerda que en algún momento todos sentirán la pena de separarse de los amigos, sin importar cuál sea su educación o estado. Toma conciencia de tu propia felicidad.”

 

“No fue mi intención ofenderte al referirme con palabras tan mesuradas a mis propios sentimientos. Créelos más fuertes que lo declarado por mí.”

*·:·* ESPECIAL SAN VALENTÍN *·:·*

Nunca fue tiempo perdido

Cuánto tiempo perdimos, entre desamores y llantos, buscándonos el uno al otro. Y cuando al fin nuestros caminos dejaron de caminar en paralelo y se alinearon, nos encontramos. Tú ibas cogida de su mano. Yo con los puños apretados y la mandíbula tensa traté de ignorar el dolor que me causaba verte con él. Nos miramos. El brillo de tus ojos llorosos anhelaba mi cariño, y sin decirle nada a “tu amigo”, viniste a mis brazos. Regresaste. Sí, cometí un error al creer que estaría mejor solo, pero no fue tiempo perdido, pues comprendí lo mucho que te necesitaba junto a mí.

 

Capítulo 4: El accidente *.* ¿Jugamos?

La línea entre el amor y el odio se vuelve a veces tan difusa que distinguir los sentimientos se hace imposible.

 

Sales de casa, tras una fuerte discusión con tus padres. Tu padre ha dejado de hablarte hace como una media hora, y tu madre que nunca se cansa de ofrecerte su opinión continua desde el umbral gritándote desesperada. No quiere que te marches, pero tú continúas caminando, sin volver la mirada hacia ella. Te sientes enfadado, impotente y solo. Ellos no ven lo que tú ves, y sin embargo se atreven a opinar sobre lo que ellos creen real. «No, se equivocan —piensas— no estoy loco. No es locura lo que siente mi corazón, si no…» lo sabes, tan bien como yo, pero temes decirlo hasta en pensamientos, pues sabes que cuando resuene esa palabra de cuatro letras en tu cabeza y la vincules a mí, estarás perdido. Ambos sabemos que lo que nos ha ocurrido no está bien, nos hemos dejado llevar. Sí, solo ha sido en sueños, pero el amor que sientes está embriaga todo tu ser. Solo piensas en que llegue la noche para volver a soñarme. He puesto, sin darme cuenta, tu vida patas arriba, y sin embargo no me arrepiento.

Miras a ambos lados, antes de cruzar la carretera, al ser domingo por la tarde, las carreteras están vacías, y sin embargo las aceras repletas de coches aparcados, y familias unidas, que a diferencia de ti, disfrutan de agradables conversaciones entre pastas y risas. Lo echas de menos, hace tanto que no disfrutas de ese modo de tu familia pero entonces… el calor vuelve a invadir tu cuerpo, la rabia regresa y con ella el recuerdo de la última escena que acabas de vivir en casa de tus padres.

—Por favor hijo, que no te das cuenta que lo estás perdiendo todo. Has abandonado a tus amigos de toda la vida, a tu familia, a… Julia…

Al escuchar de  nuevo en tu cabeza el nombre de esa amiga especial, me apago. Mi luz se funde ante la impotencia que siento. Yo no soy de carne y hueso, lo sé. No tengo ninguna posibilidad de competir contra alguien como Julia… Todo lo que te ha dicho tu madre es cierto, soy un estorbo en tu vida. Debes de vivir, como hacen el resto de humanos, la realidad que vuestros ojos pueden ver, pero… Ya intenté una vez alejarme y me fue imposible. No puedo evitar amarte.

—Julia, no es nada, nunca lo fue. Ella solo era una buena amiga, pero yo nunca he estado enamorado de ella —aclaras con un tono de voz más elevado del que sueles usar con ella.

—¿Y cómo lo sabes? ¿A caso te has enamorado alguna vez? —grita tu madre, poniéndose a tu altura y escupiendo parte de esa rabia que empieza a sentir hacia mí.

Prefieres no contestar. No sueles hablar de tus sueños. No sueles hablar de mí. Ellos no alcanzan a comprender tus sentimientos, y esa incomprensión por parte de tu familia lacera tu corazón.

—Sí, que me he enamorado y…—dudas, pero no por lo que sientes por mí,  sino por el valor que le otorga confirmarlo con tu voz— sigo estándolo —confiesas impulsado por la fuerza de esa verdad que late en tu interior.

—Por Dios, hijo… —dice tu madre arrancando, ya sin poder evitarlo, a llorar desesperada— ¿De qué? ¿De un fantasma? ¿De un sueño? ¿De un delirio de tu mente?

—No, yo sé que existe y la pienso encontrar. —Esa fueron las últimas palabras que le dedicaste a tu madre. Tu padre cansado de batallar que ya se hallaba sentado en su lado del sofá, con una copa en la mano para así evadirse de los problemas, te miró como ausente. Él ya sentía que te había perdido para siempre.

Al fin, después de caminar cinco minutos, llegas al lugar donde, después de dar mil vueltas, conseguiste aparcar el coche.  Abres la puerta que se encuentra a la izquierda del conductor, y te introduces en él. El cristal delantero está repleto de heces de esos pájaros que suelen posarse sobre ese preciso árbol, cuyo único estacionamiento libre custodiaba con su frondosa copa y abundante sombra. No te detienes, ni siquiera a valorar en pasarle un trapo al cristal. Te da igual, todo te da igual… Estás decidido a encontrarme a toda costa y, aunque en parte me siento feliz, tú obstinación me asusta.

Arrancas el coche, sin ni siquiera comprobar los espejos retrovisores están bien colocados, decidido a huir de la incomprensión de tus padres. Buscas con la mirada la radio que tu coche, a pesar de los años, aún consigue hacer funcionar, y con tu mano derecha abres la guantera. De su interior empiezan a caer papeles, un lápiz, una funda de gafas, CD’s sin las carátulas ni ningún tipo de protector que evite que se rallen… Al ver ese tu dudosa forma de ordenar las cosas, sonrío. Siempre, has sido muy descuidado. Al fin encuentras lo que buscabas, un CD en el que, entre otras muchas canciones, grabaste la de Chris Tomlin, la versión que Samarita Revival tradujo al español, y lo insertas en ese viejo, pero aún funcional, reproductor. Vuelves un segundo la mirada hacia la carretera, sabes que estás llegando a un cruce, y prestas atención hasta que ves que el semáforo se pone en rojo y te detienes. En ese momento, una joven de unos veinte años de edad cruza embelesada en la pantalla del móvil. Y en silencio rezas porque algún día esa chica que camina por tu ciudad sea yo.

El semáforo cambia de color, en esta ocasión al verde, y con un pie en el acelerador, y una mano en la palanca de cambios, dejas atrás el barrio en el que naciste. Coges la carretera que te lleva hacia tu actual residencia. Aún te quedan veinte minutos por delante, así que sin más demora llevas tu dedo índice hacia el botón de play. Buscas la pista de la canción que deseas, esa que escuchas a todas horas, y subes el volumen al máximo, con la intención de perderte en el único pensamiento que consigue aliviar tu dolor, yo.

Empiezas a cantar en voz muy alta el estribillo y te pierdes en esa letra que tú crees que habla de mí.

“Donde vas yo voy,

Donde estás estoy,

A tu lado iré,

Yo te seguiré…”

Las palabras que salen de tu boca, te otorgan una confianza que creías a ver perdido. Llevarás tu búsqueda hasta el final, pues después de lo sucedido con tus padres estás completamente convencido de que lo que sientes es real. La canción está a punto de acabar y justo en ese momento en el que el cantante no deja de repetir “yo te seguiré” te vienes arriba. Te unes a su banda y golpeas el volante como si de una cajón de música se tratase, con la emoción una parte de tu euforia se esparce hacia el pie que esta sobre el acelerador y lo pisas al máximo.   

Me estremezco. Estás a punto de caer por un barranco de mil metros de altura. La caída te mataría. Y entonces sin saber muy bien cómo, siento una especie de hormigueo por todo mi cuerpo y te veo frente a mí, cara a cara. He conseguido, motivada por el miedo a perderte, reflejar mi imagen en el cristal delantero de tu coche. Siento, de un modo más real que nunca, tu mirada puesta en mí. Mantienes unos segundos tus ojos clavados en los míos. Veo, por primera vez, el brillo de nuestro amor en tus pupilas. Y de la impresión que te acabo de causar haces girar con brusquedad el volante, y chocas contra la montaña de rocas que hay a tu derecha. Suspiro aliviada. El hormigueo desaparece. Ya no veo tus preciosos ojos puestos en los míos, tan solo tu sangre derramarse por el suelo. Tu mente se apaga. Dejas de verme, de escucharme, de pensarme, y te duermes, sumiéndote en un profundo sueño.

 

En un resorte abres los ojos, has vuelto a soñar conmigo. Me buscas por tu habitación, como solías hacer siempre que nos citábamos en tu hermoso mundo onírico, pero en esta ocasión yo no estaba allí, tan solo era un recuerdo. Tu respiración se ha acelerado. Tu cuerpo transpira ese sudor que tu pesadilla ha purgado, convirtiendo tu torso desnudo en ese manantial que desearía poder visitar. Llevas tu mirada al frente, tu mente deja de pensar y, muy a mi pesar, llegas a la conclusión que durante días te oculté: yo fui la causante de tu accidente.

Todo ese amor que creía haber visto en el brillo de tu mirada, se convierte en odio. Comprendes que tus padres tenían razón, que tu psicólogo no se equivocaba… Y esa dulce canción que al parecer calmaba tu agonía vuelve a resonar en tu cabeza, esta vez provocando tu ira.

Te levantas de la cama de golpe, sobre la mesita de noche ves mi retrato. Es el rostro de mi anfitriona. Su belleza eclipsa por unos segundos tus últimos pensamientos, resigues con la yema de tus dedos el recorrido que su cabello castaño oscuro dibuja alrededor de su cuello, y, sin poder evitarlo, te detienes en sus cautivadores ojos color esmeralda. Crees ver en su mirada un reclamo de indulgencia, en silencio te suplica que no lo hagas, pero… es demasiado tarde. Vuelves a estar envuelto en un odio irracional, el cual te impide percibir el verdadero sentimiento que anida en tu corazón. Y dejando que esa ira se apodere de ti, rompes ese dibujo que tú mismo, hechizado por mi amor, hiciste.

Sales corriendo de tu habitación. Sé a dónde te diriges, pero mi dolor no quiere seguirte.

Abro los ojos, y me sorprendo al ver a Nextor junto a mí. Su luz, algo más potente que la mía, intenta arroparme. Se lo agradezco, pero no consigue calmar mi desolación.

—Debes, dejarlo marchar. Es complicado, lo sé… Nunca es fácil ver como un avatar que tenías en tu poder, que podrías haber salvado del mal, corre hacia él. Pero no nos queda otra que luchar, que seguir caminando. Hay muchos como él, Aura, y debes ser objetiva. Estamos aquí para ayudarles, si ellos no desean nuestro amparo, nuestro trabajo se acaba. Su juego se termina, y se proclama un claro ganador.

Sus palabras aunque muy sinceras y ciertas, me atraviesan como puñales. No soporto la idea de perderte, pero como dice Nextor estás huyendo de mí, y no puedo evitar que lo hagas.

Vuelvo a cerrar los ojos. Te busco por última vez, estoy dispuesta a terminar contigo. Ya no puedo más. Si continúo, el resultado podría ser peor para ambos. Tu voz resuena en el interior de esa diabólica sala, la guarida del vencedor:

—Quiero hacerlo. Voy a acabar con… —dudas de lo que está a punto de hacer. Aún sientes algo por mí. La garganta empieza a arderte, puedo percibir tu escozor. Pero aun así, has dejado que esa parte de ti que me odia se alimente durante demasiado tiempo. Es tarde y, vencido por esa oscuridad que habita todo ser humano, acabas tu frase: Ella.

Continuará…

¡No dejes de jugar!

Me interesa tú opinión 

¿Impresiones?

¿Te intriga la historia?

¿Qué te gustaría que pasara?

Te recuerdo, querido lector, que este es tan solo el principio del juego, espero que juntos logremos llegar hasta el final.

Noel

En un lugar donde la navidad nunca llegaba a su fin y los sueños siempre se hacían realidad, vivía un niño de cabellos dorados y mejillas sonrosadas al que todos llamaban Noel. Su notoria felicidad inundaba en forma de sonoras carcajadas el área de su minúsculo mundo. El pequeño que creyó ser engendrado, como el resto de habitantes, por arte de magia, creció bajo la tutela de la encantadora y amorosa familia Claus.

El señor y la señora Claus llevaban años viviendo en aquella diminuta aldea, la cual bautizaron con el bonito nombre de Ilusión. Sus caminos, bosques, tejados e incluso, las puntas de los cuernos de los renos se cubrían siempre de una capa llamativa de nieve blanca que contrastaba con el tono carmesí que predominaba en casi todas las prendas de vestir de sus aldeanos e incluso con el color de la nariz de algunos de los renos más afortunados de la región.

De fondo a lo largo del día un hilo musical muy alegre armonizaba la vida de todos los habitantes de Ilusión, pero cuando la noche se abría paso y con ella la clara luz de la luna, la banda sonora se convertía en el dulce tintineo de los cascabeles que, de modo preventivo, para evitar que ningún ave se chocase contra él, acompañaban al trineo más soñado de todos los tiempos: el trineo de Santa Claus.

Todos en aquella modesta y risueña región, oculta para el resto del mundo, tenían una tarea que hacer: unos ingeniaban los juguetes, que más tarde otros construirían, que más tarde otros decorarían, que más tarde otros comprobarían y que finalmente otros envolverían con un hermoso papel de regalo que les confería ese aspecto que conseguía iluminar el rostro de los más pequeños de la casa. La tarea de Noel se hallaba justo en medio de la cadena, y era una de las que más trabajo y concentración requería. Él era uno de los encargados de comprobar el llanto de las muñecas lloronas, el balanceo de los caballitos, el sonido de la bocina de los trenecitos, la nieve caer de las bolas al ser agitadas… Todo esto ocupaba gran parte del día del pequeño.

Como habrás podido imaginar, Noel, era sin lugar a dudas el niño más afortunado del mundo. Pues cada mañana del año, —que debido al diminuto diámetro de su superficie duraba tan solo veinticuatros horas— al despertar, le esperaban cientos y cientos de regalos bajo el árbol que se hallaba permanentemente en la hogareña mansión de los Claus. 

La dicha había suplantado al oxígeno en aquella remota región del planeta. Todo aquel que respiraba ese aire con olor al dulce aroma del chocolate recién hecho se sentía feliz. Sin embargo, como en toda historia, la felicidad no siempre salpica a todos por igual, y con el tiempo, ese agraciado jovencito empezó a ver su maravilloso mundo de distinta forma, y el eco de su risa desapareció.

Pasó de ser el niño más risueño de toda Ilusión al más infeliz. La dirección de la nueva curvatura que adquirieron de súbito sus labios, conmocionó a toda la aldea. «¿Qué atormentará el alma de Noel? ¿Qué profundo dolor padecerá para sentirse tan triste?», se preguntaban todos. Pero un secreto, quizás no tan oculto a simple vista, rodeaba al  pequeño. Nadie excepto sus tutores legales el señor y la señora Claus lo sabían.

—Nicolás, debemos contárselo. —Le decía una y otra vez la señora Claus a su tozudo marido.

—No, mujer, el niño es feliz así. —Le decía el hombre con su grave voz, mientras se descalzaba las botas rojas que, después de toda una noche de duro e intenso trabajo,  le había dejado los pies fritos.

—No, no lo es. Lo que pasa es que como te pasas toda la noche fuera de casa y todo el maldito día durmiendo, no te enteras de nada, pero Noel está empezando a darse cuenta de que hay algo en él que lo diferencia de nosotros —dijo furiosa—. Por dios, Nico, sintoniza el volumen de tu viejo oído, y trata de buscar la frecuencia de su risa. —Hizo un gesto teatral, llevándose la mano a la oreja y tratando de prestar atención al silencio—. Nada, ni una mísera onda de su antigua felicidad llegará hasta tu ajada oreja.

—Pero, querida mía, de aquello hace muchos años…

—Doce para ser exactos —le interrumpió la malhumorada mujer.

—Demasiados, para tratar de explicarle a un niño que él no es lo que cree ser. ¿No crees que la verdad le hará más daño, aún?

—A veces la verdad es dura y duele, pero no deja de ser mejor opción que la mentira. —Al acabar se cruzó de brazos y alzó su orgulloso y seguro mentón.

—Está bien, está bien… Tú ganas —bostezó mientras abría las aterciopeladas mantas que cubrían su cama. —Mañana mismo se lo cuento. —Volvió  bostezar.

—A no, de eso nada —la buena, pero terca, mujer cogió de repente a su marido de la oreja y lo levantó sin necesidad de utilizar mucha fuerza— Ahora mismito vas y le explicas a ese pobre niño como llegó hasta nosotros. Y sin titubear, Nicolás, —dijo alzando un dedo en señal desafiante— que te conozco.

—¿Ahora? Pero sí acabo de llegar y aún ni ha salido el sol y… y… ¡ay! —Chilló al sentir el tirón que su mujer le daba—. Está bien, está bien, ya voy…

—Así me gusta. —Sonrió satisfecha—. Y a la vuelta le dices a uno de tus duendes que venga a ayudarme con el pavo, que por si no te acuerdas esta noche es Nochebuena.

Era curioso como allí, para los habitantes de Ilusión, el hecho de que el año tan solo durase veinticuatro horas no fuese para nada extraño, es más, cada día era recibido con gran expectación.

Pero Noel, que hacía tiempo que había empezado a sentir que en su interior existía un anhelo distinto al de los demás aldeanos, no se hallaba en la fábrica de juguetes.

—Noel, Noel —Gritaba el señor Claus con sus manos alrededor de la boca con la intención de que su voz llegase más lejos—. Noel, Noel… ¡Oh! Eliana —le dijo a una dulce elfa de ojos rasgados, nariz alargada y orejas puntiagudas— ¿Has visto a Noel? ——La joven negó con la cabeza sin dejar de emitir su adorable sonrisa. Y el anciano continuo buscando.

El eco de la voz del señor Claus no tardó en llegar hasta el oído de Noel. Era difícil que en un lugar tan pequeño, sus graves chillidos no abarcasen todo el perímetro.

El pequeño no se escondió, sino que lo esperó sentado sobre un montón de nieve acumulada, que al parecer acababa de caer de la copa de un árbol. Se hallaba justo en los confines de su mundo; más allá no había nada, o al menos eso había creído hasta el día en que, sin el permiso de ninguno de sus tutores, se atrevió a ir.

Allí sentado, mirando por un gran ventanal trasparente, tras el cual nada existía, apareció una niña. Su rizado cabello caía a lo largo de sus hombros y espalda, sus ojos esmeraldas iluminaron aquella tristeza que anidaba en el interior de Noel, y cuando esta se giró, su sonrisa iluminó todo su mundo. Y después de mucho tiempo el pequeño se sintió dichosamente feliz.

Ya no se satisfacía con respirar la mágica atmósfera que cubría toda Ilusión, necesitaba más. Y ese más se hallaba al otro lado de su mundo, justo en el interior de esa hermosa niña.

—¡Oh! Estás aquí —dijo el señor Claus, interrumpiendo la bella ensoñación en la que se había sumergido Noel.

El chico se giró de repente, estaba tan embebido en aquella joven que ni se había percatado del sonido que emitían los cascabeles de las botas del anciano. Pero rápidamente volvió a llevar su mirada hacia esa realidad que él desconocía, y que por algún extraño motivo lo atraía hacia ella. El señor Claus conocedor del hallazgo que el pequeño había descubierto, se sentó junto a él y en silencio, ambos observaron aquella niña con rostro de muñeca de porcelana que se encontraba al otro lado.

—Padre… —dijo Noel algo confuso— Usted no me dijo que desde aquí se pudiesen divisar aquellos mundos a los cuales viaja cada noche repartiendo ilusión…

—No, hijo. Nadie de la aldea, excepto la señora Claus, lo sabe. Es, digamos, nuestro secreto.

—¿Es por este motivo que es capaz de llegar a todos los hogares del planeta en una sola noche?

—Así es… a través de este filtro atemporal puedo recorrerme toda la Vía Láctea si fuese necesario en menos de una hora. —Noel bajó apesadumbrado la cabeza—. ¿Qué te ocurre, hijo?

—Yo… me siento diferente al resto de elfos. —Los ojos se le empezaron a empañar de lágrimas—. Los dedos de mis manos son más gruesos, mis piernas más largas, mi nariz más pequeña y mis orejas redondeadas. Soy más como… —dijo dirigiendo la mirada hacia el gran ventanal que le mostraba todo un universo de nuevas posibilidades.

—Verás, Noel… —dijo el anciano mientras intentaba colocarse algo más cómodo sobre ese montón de nieve, que bajo el calor de sus cuerpos se iba poco a poco derritiendo— Tienes razón, tú no eres como el resto de elfos, porque tú no eres uno de ellos. Tú eres un niño.

—¿Un niño? —Repitió absorto.

—Sí, un ser engendrado a partir del amor entre hombre y mujer.

—¿No me creó usted y la señora Claus? —El anciano pesaroso, negó con la cabeza.

—Nosotros con nuestra magia solo podemos engendrar seres mágicos como los elfos, los renos, las hadas y los gnomos que con su alegría custodian las casas. Tú no eres uno de ellos, tú eres especial.

—Especial, ¿por qué? No tengo magia, no puedo hacer grandes cosas.

—Te equivocas, tú eres capaz de hacer la cosa más grande y hermosa del mundo.

—¿El qué?

—Enamorarte —dijo el anciano mientras fijaba de nuevo su mirada en aquella niña que le había devuelto la sonrisa a Noel.

—¿Ena… que?

—Tu corazón, hijo, está inclinado hacia el amor, por eso aquí te sientes vacío, y aunque Mama Noel y yo, intentamos dártelo, créeme que hacemos todo lo posible, no es suficiente. Los humanos sois sociales por naturaleza, los elfos, en cambio, no. Me equivoqué al creer que podría criarte como a uno de ellos.

—¿Pe-pero si no soy de aquí de dónde soy? —

—Del mundo real—dijo el señor Claus extendiendo la mano en dirección a la gran ventana—. Esto que ves a tu alrededor es simplemente una ilusión, se podría decir que nuestro mundo se haya más bien en la mente de las personas u oculto a base de magia en pequeñas esferas transparentes. —Noel se quedó perplejo ante aquella revelación.

—Pero yo… te quiero, y también a mamá y al resto de elfos…

—Sí, lo sé, pero necesitas algo que nosotros al parecer no sabemos no ofrecerte.

—¿El qué?

—Amor —dijo dirigiendo de nuevo su mirada hacia la niña que continuaba observando aquella hermosa bola de nieve desde su mundo.

—Sí que sabéis.

—Pero no del modo en que tu corazón lo necesita.

—¿Y entonces qué debo hacer ahora?

—Lo que te dicte tu corazón —dijo el anciano, mientras sin darse cuenta le transmitía uno de los consejos más sabios del mundo real.

El pequeño miró al frente, y los ojos de la niña se posaron por primera vez en los suyos. En ese momento notó como el corazón le empezó a latir a una velocidad desorbitada. Aquella sensación dibujó una sonrisa sin darse cuenta en su rostro, y la pequeña, al otro lado, le correspondió.

—¿Puede verme? —Se sorprendió.

—No, pero puede sentirte. Noel, no es casual que ella esté ahí.

—¿Y qué hace?

—Está esperando.

—¿A qué?

—A que tu corazón hable, y tú tomes una decisión. Te está esperando a ti, hijo. Ella es ese más que tu alma necesita para ser feliz.  ¿Has decidido ya qué quieres hacer?

El pequeño no pudo evitar justo en ese instante que las lágrimas escaparan de sus ojos y resbalaran por sus mejillas. Una parte de él tenía claro la decisión que quería tomar, pero la otra… se resistía a dejar aquello que ya conocía.

—No temas, dicen que lo mejor siempre está por llegar —dijo el anciano guiñándole un ojo, en señal de complicidad. 

El señor Claus o, como más tarde fue conocido por todo el mundo, Papa Noel hizo uso de su magia, y al instante todo se iluminó a su alrededor. Noel que había crecido como un elfo más en Ilusión regresó a su hogar, aquel que hacia doce años, tras introducirse en el saco de los regalos, abandonó.

 

—Papá, papá, es cierta la historia —dice, Noelia, mi hija mientras observa sobrevolar el trineo de Santa Claus en el interior de una bola de nieve.

—Por supuesto —digo muy seguro de mí mismo.

—Mami, mami —dice Noelia llamando a su madre, la cual está al otro lado de la tienda, buscando los adornos para el árbol—. Papá me ha dicho que en el interior de esa bola de allí —señala hacia donde yo me encuentro— vive Papa Noel.

Mi mujer, que aún conserva su rizado cabello y su mirada esmeralda, puso los ojos en blanco.

—Dile a tu padre que no te meta más fantasía en la cabeza, cariño… 

—No es fantasía, es real —contesta algo molesta y se gira para tratar de encontrarme de nuevo, para comprobar con sus propios ojos que la magia existe, y al verme me guiña un ojo, y me sonríe. Lo sabe. Pero quizás es mejor que nuestro secreto se quedé solo en nuestro interior. Me llevo el dedo indice a los labios, y asiente en respuesta a mi petición. Es una niña muy lista, sabe que su papá es diferente, sabe que su abuelo viene cada año a visitarla, pero también comprende que la sociedad no está preparado para aceptar esa magia que solo los niños pueden ver. 

—Está bien, está bien. —Le dice mi mujer mientras acaricia su pelo, con la intención de  calmarla. —Noel, cariño, puedes dejar de contarle historias a la niña —alza la voz unos grados más de la cuenta para que yo, que me encuentro al otro lado, la escuche. El resto de compradores se quedan en silencio y dirigen su mirada hacia mi mujer. Esta alza los hombros en señal de disculpa y se ruboriza. Sonrío mientras observo embelesado esa belleza que me cautivó hace ya veinte años y que aún hoy me tiene hechizado.

Me vuelvo para echarle un último vistazo a ese mágico mundo que me crio y que aún considero mi hogar. Y antes de reunirme con mi familia, levanto con sutileza la mano y me despido de papá, con la certeza de que esta noche, como cada veinticuatro de diciembre, vendrá a visitarme a mi hogar.

Fin

Sombras Unidas

Ficha técnica

Autora: Karlee Dawa

Género: Contemporáneo / Romántico / Suspense

 Disponible en Wattpad

Sombras Partidas

Sombras Unidas

 

Introducción

 

Una bilogía que te dejará con la boca abierta, con ganas de continuar conociendo a sus personajes y sobre todo, te absorberá hasta no dejarte dormir. ¿Te atreves a adentrarte en esta historia?

Su autora Karlee Dawa, de tan solo veintidós años, consiguió cautivar a las lectoras de Wattpad con su primera entrega Sombras Partidas, a la cual ya le hicimos su merecido homenaje, hace unos meses. Pues bien, después de una espera muy larga, para sus ansiosas lectoras, ya puedes continuar disfrutando de Alma, Daniel, Alex, Ana y…

Por el momento, tendrás que conformarte con el ritmo de publicaciones de su autora que sinceramente, es muy rápido, pero… como muchas lectoras ya saben, conozco a esta fantástica persona desde hace ¿un año ya? Madre mía XD Carla, pues este es su nombre real, y yo, nos conocimos en un curso de escritura creativa y desde entonces nuestra amistad ha ido creciendo, y espero que así siga por muchos años 🙂  Pues bien, la idea de Sombras Partidas la tenía en su cabeza desde los diecisiete años y, desde entonces, no ha parado de darle vueltas y vueltas, hasta que después de muchas dudas, se armó de valor y la plasmó dejándose guiar por su corazón en un documento que más tarde decidió compartir en Wattpad con todas vosotras. Yo, al adquirir el privilegiado papel de lectora beta, he podido observar todo su proceso de escritura y a la vez disfrutar de su historia, mientras la animaba a continuar escribiendo. Y he de deciros, tanto para aquellos que la conocéis como para los que no, que tiene una gran capacidad para plasmar los sentimientos, para crear escenas y personajes complejos,  sobre todo a nivel psicológico.

Una historia que además de ser entretenida, tiene mucho valores y enseñanzas que creo firmemente que a las chicas de entre los trece y dieciocho años, sino más XD, les puede ser de mucha ayuda. Así que sin más demora aquí llega mi humilde reseña de Sombras Unidas.

 

Reseña

Sí eres de las que ya se leyeron Sombras Partidas, seguramente estés esperando lo mismo que esperaba yo XD a Daniel… pero… la cosa se complica, cuando entra un tercero en discordia, y… no solo enamora a Alma, sino que también a todas nosotras. Una elección difícil, un triángulo amoroso que te quitará el sueño… ¿Con quién se quedará Alma? ¿Y tú?

En esta segunda entrega descubriremos algunos de los secretos de la vida de Daniel y de Ana, ¿qué fue de sus padres? ¿Por qué se quedaron solos? También tomará mayor protagonismo Alex, cosa que también agradecemos, pues su sentido del humor y su bondad, nos ha encandilado a todas. Y sobre todo… a ese nuevo aspirante que aparecerá de la nada y que tras arrastrar también un pasado algo turbio ayudará a Alma a romper con los fantasmas de su pasado. . Y… no nos olvidemos que aún no se sabe nada del paradero de Marco Fiore, el secuestrador de Alma y Ana…

Una emocionante y cautivadora novela que te hará llorar, reír, pasar miedo, intriga, dolor y mucho amor. Un cóctel que estoy segura que no podrás dejar de leer.

Con diálogos muy realistas, personajes únicos, escenas insólitas y una carga sentimental enorme.

¿Te la vas a perder?

 

*Y ahora… Un regalito muy, muy especial*

¡Hola chicas!

Como en el homenaje de Sombras Partidas os conté algunas cositas sobre mí y la historia, en esta ocasión quiero contaros los motivos que me llevaron a hacer esta segunda parte y todo lo que he sentido escribiéndola. Por eso haré una autoentrevista.

  1. ¿Qué libro te ha costado más escribir?

Sombras Unidas. Sí como leéis. He tardado menos en escribirla que Sombras Partidas pero me ha costado más emocionalmente. Sobre todo porque vosotras, las lectoras, ya tenéis una conexión especial con Daniel e introducir un nuevo personaje me ha generado muchas dudas e inquietudes, por ejemplo, cómo le recibiréis, si os gustará, si estaré haciendo bien… sé que tenéis muchas ganas de que aparezca nuestro hombre y que aparezca otro os hace sacar las dagas y cuchillos jaja pero paciencia, os prometo que merecerá la pena.

 

  1. ¿Qué te ha generado al terminarla?

Como sabéis, Sombras es una bilogía y aquí termina la historia de nuestros amados Alma y Daniel, aunque, como también sabéis, tengo entre manos la obra de DANIEL, donde relatará su pasado y las escenas más importantes de Sombras Partidas y Unidas desde su punto de vista.

Me ha generado un gran vacío, pues es una historia de amor muy especial para mí con la que me he entregado en cuerpo y alma y nuestros amados personajes quedan ahí guardados, entre las páginas, esperando ser leídos y releídos por todos vosotros.

 

  1. ¿Qué escena te ha gustado más de esta segunda parte?

Sin hacer spoiler, el capítulo final me ha encantado escribirlo, pues tiene una importante carga emocional. Nunca había escrito una escena tan emotiva, tan llena de sensaciones, fue como una bomba para mí. Me he metido tanto en esta historia que es como si la hubiera vivido yo en carne propia. En serio, espero que os emocione tanto como a mí.

 

  1. ¿Con qué personaje te quedas?

Es una pregunta muy complicada, soy masoquista planteándomela jaja porque cada personaje es diferente a los demás. Álex es la ternura personificada, ese chico que todas deseamos de novio o mejor amigo, y al que pasaríamos horas achuchándole. Cristo es la bondad, es un chico con carisma y muy bueno, que da todo por ayudar a los demás y le tengo un gran cariño. Daniel…Daniel es todo para mí, supongo que es mi debilidad, tiene esa picardía y esos aires de chico malo, sin serlo realmente (pues lo que tiene es inmadurez e impulsividad que va transformando a lo largo de la bilogía), que enamora a todas. Y Flavio… me cuesta mucho morderme la lengua porque aún no habéis leído mucho de esta segunda parte pero es un personaje muy importante y me inspiré en una persona especial para mí.

  1. ¿Qué pretendes transmitir con esta novela?

Sombras Unidas creo que va a ser muy reparadora. Como bien dices, Cris, esta historia la escribí con la intención de entretener pero también de ayudar. Tenía claro que tenía que tratar temas importantes para la juventud y servir, de cierto modo, de amiga-psicóloga que está ahí para aconsejar y evitar problemas como en los que Alma se mete.

 

  1. ¿Por qué has mostrado este amor tan complicado?

Bien, esta es una pregunta muy importante para mí. Sé que algunas personas no entienden porque Daniel ha secuestrado a Alma, porqué ella cae ante él y sigue a pesar de eso. Quiero decir que, como en la vida real, el amor no es perfecto. Existen los amores tóxicos y los amores peligrosos. Yo tenía claro que Daniel, aunque al principio lo pareciera, no es malo. Quizá me meta en terreno farragoso al tratar de defenderle pero lo veo así. ¿Hizo mal secuestrándola? Sí y mucho pero le pudo la impulsividad y el egoísmo, aprendió a base de palos lo mal que lo hizo todo y fue creciendo como persona a lo largo del tiempo.

Este amor es tóxico, es dependiente, es intenso…si esperáis un amor ideal donde es todo perfecto y maravilloso no es vuestra novela. Es un amor donde los personajes aprenden, cometen errores, crecen como personas y se dan cuenta de lo que es verdaderamente importante: ser feliz.

Daniel no quería, en ningún momento, hacer daño a Alma. Nunca le ha puesto la mano encima, nunca la ha hablado mal, nunca la ha forzado a hacer nada que ella no quiera hacer. Por eso Alma no se fue de su lado en la primera novela, porque la hacía ver que la quería y ese sentimiento que Daniel mostraba era lo que ella ansiaba, Alma depende de Daniel tanto como él de ella. En cierto modo Sombras Partidas me recuerda a la historia de la Bella y la Bestia.

 

  1. ¿Qué vamos a encontrar en “DANIEL”?

Encontraréis una novela intensa y emotiva, con escenas fuertes y de acción, pero ante todo, con mucho amor. En esta historia entenderéis muchas cosas que ha hecho Daniel a lo largo de la bilogía y conoceréis sus pensamientos y emociones. Además, tendréis cerca a Cristo, pues es su mano derecha. Así que… ¿Estáis preparadas para devorar las páginas?

 

Para acabar…

 

Quiero finalizar esta autoentrevista con un fragmento que extraje de la novela “Damián” de Álex Mirez y define el amor de esta bilogía:

 

“El amor es malo, tormentoso, y quizás por eso no deja de ser amor. Otras veces el amor es excelente, algo supuestamente hermoso, y eso no asegura que terminará bien. Es un sentimiento subjetivo, ¿sabes? Para un loco su obsesión parece amor. Cada quién lo ve como quiere y no significa que no sea real.”

 

 

Reseña: La muchacha que se hizo libro

Ficha técnica

Autora: Leticia Meroño Catalina

Obra: La muchacha que se hizo libro

Género: Drama / suspense

Páginas: 139

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Reseña

“…había que sufrir para avanzar…”

 

Cinco palabras extraídas de este maravilloso libro de la escritora Leticia Meroño Catalina son las que he necesitado para sacar la esencia del mismo. Veinticuatro letras que por separado pueden no significar nada, pero que uniéndolas con el sentimiento y la gracia de esta autora, conforman el tema principal de esta obra.

Algunos creen que el sufrimiento es sinónimo de declive. Pero, sinceramente creo que se equivocan… nuestra escalera para seguir avanzando y creciendo como personas se llama precisamente SUFRIMIENTO. Cada peldaño es un pequeño esfuerzo que tenemos que hacer para continuar el camino de la vida. Sí, a veces caemos, otras no nos vemos con la fuerza suficiente para continuar…  Sabemos que de manera periódica nos toparemos con ese escalón en apariencia insuperable, pero siempre se superan. Así fuimos creadas las personas y así es como se aprende a andar por la vida. Dicho esto… La muchacha que se hizo libro es sin duda un gran ejemplo tanto de superación como de derrota. En esta historia hallamos los dos bandos: el de la persona que decide seguir subiendo y el de la que se detiene y es engullida por el camino. Esta no es una decisión que se pueda juzgar, en cada individuo, como bien dice la protagonista del libro, el dolor afecta de una manera o de otra, y por consiguiente cada uno actúa de un modo distinto.

Es una obra que se adentra en el núcleo del dolor y que se pierde en él. En ella nos introducimos en la oscuridad de una enfermedad de la que poco se ha escrito pero que está en nuestras vidas, la agorafobia. Todos en mayor o menor medida conocemos a alguien que se haya dejado vencer por el dolor, el miedo… y encerrado en si mismo. Y sin embargo, no acabamos de comprender qué es lo que lo está atrapando en esa cárcel que se ha creado. Creo que este libro nos lleva un poco más allá, a conocer los recónditos parajes que el miedo crea en nuestra mente, y como este es capaz de apoderarse de todo, incluyendo nuestra vida.

Además hallamos una serie de  reflexiones, en torno al amor, la infancia, el respeto, las relaciones, la vida, la maternidad, la persecución de los sueños… que llegan al corazón.

Una cautivadora historia en la que vemos como los sueños, que de la noche a la mañana se rompen, nos pueden partir el alma. Pero que, sin embargo, nos abre las puertas a otros nuevos caminos que nos permitan soñar.  

Con una narración tierna e introspectiva Leticia nos hace sentir ese sufrimiento de modo que nos atrapa y colma todo nuestro ser. Pero que cuando la lectura llega a su fin, sentimos como esa lucha personal que ha llevado a cabo cada personaje ha dejado una huella en nuestra alma, otorgándonos, de este modo, esa determinación y seguridad  para seguir subiendo peldaños.

P.D: Si queréis aprender, disfrutar, soñar, sufrir, emocionaros, amar y sobre todo crecer leed La muchacha que se hizo libro.

 

Citas hermosas

“Y estaba segura de que era el maldito mundo adulto lo que destruía con el tiempo la inocencia y la bondad de los niños.”

 

“Qué buen corazón tenía que incluso después de a desgracia todavía creía que era un feo no responder a la vida con una sonrisa.”

 

“Soñar me hace ser libre, me permite salir de este lugar tan tétrica que soy. En mis pensamientos soy otra persona, la que nunca me atreví a ser.”

Mi abuelo

Aún recuerdo aquella tarde en que vino el abuelo a buscarme, como cada día, a la escuela. Yo salí con los ojos empañados en lágrimas. Acababa de perder a mi mejor amigo Biel, por un estúpido juego. Nos habíamos peleado, y él me dijo que no quería volver a verme más. Sus palabras me dolieron como si decenas de cuchillos me penetrasen el pecho. Lo conocía desde parvulario, y él fue uno de mis mejores pilares cuando mamá nos dejó. Por lo tanto, aquella tarde después de haber pasado tantos momentos buenos y malos junto a él lo odié, por abandonarme a la primera de cambio.

Mi abuelo, que era un lince para leer mis pensamientos, se dio cuenta de que algo no iba bien. Me preguntó y yo que no quería volver a hablar de Biel, le dije que no me pasaba nada, que solo estaba cansado. Pero, aún sigo admirando esa capacidad suya para sonsacarte incluso las cosas que ni uno mismo creía conocer. Al llegar a casa, la abuela había salido a comprar así que fue él quien me preparó la merienda, y mientras me la comía sin ganas, se sentó a mi lado y me obsequió con una de las mejores conversaciones de mi vida.

—No has de sufrir por una amistad perdida, si esto ocurre te has de alegrar. Pues si lo consideraste tu amigo durante un tiempo te aseguro que eso es lo mejor que te pudo pasar. La gente cambia, crece, se distancia… pero los amigos siempre seguirán estando aquí —dijo poniendo su mano sobre mi pecho.

—No te entiendo —le dije— aunque ahora pensándolo con perspectiva creo que lo que quería decir era: no te quiero entender. En ese momento, todo mi mundo se había resquebrajado al perder a Biel.

—Verás, hijo, yo he tenido muchos amigos, y también algunos de ellos han llegado a ser mis mejores amigos, pero con el tiempo las cosas cambian, tu forma de pensar, de vivir, todo cambia… y no siempre puedes retener a las personas a tu lado, pues como tú ellas también evolucionan. Lo que te quiero decir es que nunca debes de pensar que has perdido un amigo, pues no es así. Nunca lo has perdido porque siempre que recuerdes esa parte de ti, más joven que compartía buenos ratos con él, seguirá siendo tu mejor amigo, siempre. Las personas somos lo que somos gracias a esas otras personas que en algún momento de nuestra vida llegaron, nos tendieron su mano y se llevaron una pequeña parte de nuestro corazón con ellos. Los mejores amigos, Ian, van cambiando, no siempre tienes que tener el mismo a lo largo de toda tu vida, a veces ocurre, y cuando esto pasa debes sentirte agradecido por este regalo. Pero en la mayoría de casos estos vienen y van, y cuando evoques algún momento bueno o malo de tu vida siempre te vendrá la figura de uno de esos amigos que tendieron su mano para estar contigo. No has de guardarles rencor por marcharse, pues tú algún día harás lo mismo. Solo has de recordarlos con amor, pues sin ese amigo, tú no serias el mismo.

—¿Tú has tenido muchos mejores amigos, abuelo?

—Ya lo creo. En la escuela, en la mili, en el trabajo, cada una de mis experiencias vitales tienen un gran amigo detrás.

—¿Y cómo sabes entonces quién es el más mejor amigo?

—Tienes que detenerte unos segundos a pensar y si en más de dos, tres, cuatro… momentos complicados de tu vida, la mano de la persona que te acompaña es la misma, ese sin duda es uno de tus mejores amigos, y aunque ya no esté contigo, siempre lo será.

—¿Y quién es tu mejor amigo?

—Tu abuela —me dijo en ese momento mi abuelo, mientras ambos escuchábamos el golpeteo que la llave hace contra la cerradura.

Entonces la abuela entró, y vi como él la miraba agradecido, tenía razón aunque yo aún era muy joven para entenderlo. Los mejores amigos no se cuentan con los dedos de las manos si no por los momentos que viviste con ellos.

A pesar de la charla, al día siguiente, y al otro y al otro… Biel volvió a jugar conmigo. Nos peleábamos muchas veces, pero en esos momentos en mí no nacía odio hacia él, sino amor por pensar en todo lo que me había aportado durante el tiempo de mi vida que pasamos juntos.

 

Hoy, después de treinta años de aquella tarde, solo veo a Biel cuando cierro los ojos y recuerdo aquella época, pero me alegro de tenerlo siempre guardado en mi interior. Y si ahora alguien me preguntara por ese mejor amigo que más momentos de mi vida ha vivido junto a mí, mi respuesta seria: mi abuelo.

Fin