Hambre

El sonido de ese rugido tenebroso, me ha vuelto a avisar. Siento miedo. Trato de protegerme con mis delgados brazos, pero nunca calla. Nunca. Siempre halla el momento para gruñir, para asustarme y hacerme llorar de dolor, mientras me revuelco por el frío suelo, a la espera de que un mendrugo de pan silencie el lamento de mi estómago vacío.

El llanto de las almas

Las almas desconocen el significado de las palabras: violación, asesinatos, agresión, odio…

La maldad no forma parte de su naturaleza.

Lloran cada vez que ven las terribles actuaciones que las personas acontecen.

Y sus lágrimas invisibles y mudas inundan nuestros corazones de impotencia, rabia y dolor.

La voz de mi corazón

Me equivoqué, no supe escuchar y ahora mi alma permanece moribunda en un mar de miedos e incertidumbre. Todos me dicen que tras la noche hay día, pero los querubines que abren las compuertas al astro rey, parecen haberse olvidado de mí. Demasiado tarde, pienso. Ya no hay vuelta atrás. Me envuelve un silencio lúgubre y por primera vez la suave voz de mi corazón grita con fuerza, llena de cólera. Y decido escucharla. Un pequeño y tímido hilo luminoso aparece por el rabillo de mi ojo. Está amaneciendo. Mis sensibles ojos, acostumbrados a la penumbra, tardarán en acostumbrarse de nuevo a la luz, pero la recibo como si volviese a encontrarme, después de mucho tiempo, con un familiar muy querido. Al principio quizás me sienta algo cohibida, pero pronto volveré a disfrutar del calor de sus abrazos.

También lo hallarás, junto a otros escritos, en mi blog de autora de Sabes Leer.

*·:·* ESPECIAL SAN VALENTÍN *·:·*

Nunca fue tiempo perdido

Cuánto tiempo perdimos, entre desamores y llantos, buscándonos el uno al otro. Y cuando al fin nuestros caminos dejaron de caminar en paralelo y se alinearon, nos encontramos. Tú ibas cogida de su mano. Yo con los puños apretados y la mandíbula tensa traté de ignorar el dolor que me causaba verte con él. Nos miramos. El brillo de tus ojos llorosos anhelaba mi cariño, y sin decirle nada a “tu amigo”, viniste a mis brazos. Regresaste. Sí, cometí un error al creer que estaría mejor solo, pero no fue tiempo perdido, pues comprendí lo mucho que te necesitaba junto a mí.

 

Llanto de libertad

 
Cuando veo mi dolor reflejado en ese cielo lluvioso, me asomo por la pequeña rendija que la ventana de mi prisión me ofrece. ¡Qué cruel ilusión de libertad! Aspiro el olor a tierra mojada que, atravesando mis fosas nasales y deslizándose por todas las cavidades de mi cuerpo, llega hasta ese pequeño habitáculo de mi mente, donde atesoro mis escasos momentos de felicidad.
 
Aportación al blog: Nosotras, que escribimos