Reseña: Niebla de Miguel de Unamuno

“Es muy frecuente que un autor acabe por ser juguete de sus ficciones…”

Miguel de Unamuno

Ficha técnica

Autor: Miguel de Unamuno y Jugo

Obra: Niebla

Género: Literatura Clásica

Año publicación: 1914

Páginas: 304

Reseña

 “Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes, y la vida es esto, la niebla.”

Esta es, sin lugar a dudas, la mejor definición sobre la vida hallada, por mi persona, en un libro.

En esta obra, convertida en clásico de la literatura, su autor Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao 1864- Salamanca 1936), —escritor, poeta y uno de los grandes pensadores de la época moderna— nos refleja en tono humorístico los aspectos más complejos de la vida que, debido a nuestros velados ojos, no percibimos con total nitidez, hasta que esa niebla que los oculta se desvanece. 

Unamuno, unos de los principales exponentes de la Generación del 98, aliña con grandes dosis de ironía la cruda realidad que, tanto en el siglo XX como en el actual sigo XIX, nos oprime. Su obra no es tan sólo un escrito donde ha quedado reflejada la rebelión que muchos autores de su época deseaban plasmar en su literatura: un manifiesto de libertad y de desconformidad en contra del poder, sino que es, bajo mi punto de vista, el análisis del resultado que dicha represión causó en la mente del individuo hasta llevarlo a un estado de semiinconsciencia nebulosa, sumiéndolo en una engañosa felicidad.

Augusto Perez, el protagonista de esta historia, es un hombre acomodado de mediana edad, que vive envuelto en una agradable ensoñación que le protege de las emociones más humanas, como por ejemplo: el amor. Pero un buen día, mientras vagaba perdido en la niebla, unos ojos iluminaron su camino y agitaron ese velo que le protegía del mundo exterior. La dueña de dicha mirada, que hizo centrifugar toda la calma de Augusto, despertó unos aletargados sentimientos con los que,  a lo largo de la novela, el protagonista deberá lidiar. 

Un viaje en el que descubrirá su auténtica identidad: un ente de ficción. Pues el autor recurre a la metafísica, para hacerle salir de su supuesto mundo ficticio y personarse ante el responsable de toda su vida, su escritor. Unamuno deja la pluma y el papel, a lo largo de unas páginas, para introducirse en esa niebla que él mismo creó y discutir el porvenir de Augusto.

Un texto cargado de reflexiones filosóficas sobre la vida, el amor, la amistad y la muerte; jaspeadas con humor e ingenio. Acontecido en un limitado número de escenarios y adornado por una narrativa minuciosa y musical, que revisten de especial belleza la prosa de Unamuno.

Niebla es una obra introspectiva que, gracias a las peripecias en las que el protagonista se ve inmerso y a sus variopintos personajes, resulta ligera y muy entretenida de leer.

 

Grandes citas de Niebla

“El que viaja mucho va huyendo de cada lugar que deja y no buscando cada lugar a que llega.”

“Las mujeres saben siempre cuándo se las mira, aun sin verlas, y cuándo se la ve sin mirarlas.”

“Como un sueño dulce se les iba la vida.”

“Cuando el hombre se queda a solas y cierra los ojos al porvenir, al ensueño, se le revela el abismo pavoroso de la eternidad.”

“El hombre nace bueno, es naturalmente bueno; la sociedad le malea y pervierte…”

“¿Qué es el mundo real sino el sueño que soñamos todos, el sueño común?”

“El alma es un manantial que sólo se revela en lágrimas.”

“Sólo a solas se sentía él.”

“Sólo así llegaré a conocerme… viéndome en ojos de mujer.”

“La risa no es sino la preparación para la tragedia.”

“Sólo un perro es capaz de morirse al verse sin amo.”

Reseña: Cumbres borrascosas

Ficha técnica

Autora: Emily Brontë

Obra: Cumbres borrascosas

Año primera publicación: 1847

Páginas: 506

 

Una historia de aires revueltos

“Echarás entonces la mirada atrás y te darás cuenta de lo feliz que eras hoy.” P.206

Cumbres borrascosas, considerada una obra maestra de la literatura universal, fue publicada en el año 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell o como hoy en día es conocida: Emily Brontë. La autora, nacida en Yorkshire el año 1818, escribía junto a sus hermanas Anne y Charlotte Brontë, pequeñas historias en verso y prosa, las cuales se recogieron en su primera publicación conjunta. Las tres trabajaron muy duro durante años para que sus obras viesen la luz y, a pesar de que las críticas en un principio no fueron muy adelantadoras, consiguieron  hacerse hueco en el panorama literario de la época. Y un año después de la publicación de Cumbres borrascosas, Emily, que padecía una grave enfermedad, murió a los treinta años de edad, sin poder saborear el éxito que, con el tiempo, adquirió su obra.

La casa cuyo nombre da título a este libro adquiere el papel de personaje principal y esencial en la obra, pues la atmósfera que envuelve a Cumbres borrascosas: la inestabilidad meteorológica, la niebla que entierra las escarpadas cumbres, sus impetuosas tormentas de agua y nieve y el ambiente hostil que riega la vida de la tierra; se apodera de la personalidad de sus habitantes, otorgando a la mayoría el carácter temperamental que da sentido a la historia.

La autora nos muestra, gracias a este fiel retrato de la sociedad inglesa de Yorkshire, la compleja y aislada vida de sus lugareños a través de unos personajes ficticios afincados en los dos escenarios claves de la novela: Cumbres borrascosas, donde habita en primera estancia la familia Earnshaw y la Granja de los Tordos, propiedad de los Linton. Vecinos que, por su forma de ser y, me atrevería a añadir, por la influencia que la primera finca, embriagada por un ambiente borrascoso, causa en sus inquilinos, anidan en su interior una intensa carga emocional que los hace enloquecer.

Heathclift es quizás uno de los personajes más complejos y desconcertantes de la novela. Acudiendo a un símil que en otras ocasiones se le ha conferido, debido a la innovadora construcción de la historia, a su autora; este personaje, así como la propia trama en sí, es como una muñeca de matryoshka que, con el tiempo, se va despojando de sus capas. Su incierta llegada al mundo y los constantes desprecios de su hermano adoptivo, Hindley, fueron poco a poco creando en su interior una discordia hacia todos los que le rodeaban incluido a sí mismo.

La relación que une a Heathclift y Catherine, su otra hermana adoptiva, es intensa pero a la vez demoledora, hasta el punto en que dicha amistad perturba de tal modo a la joven  que acaba con su vida. Hecho que atormenta a, su obsesivo y trastornado enamorado, Heathclif el resto de su vida.

Gracias a la descendencia, despojada del tormento que ensombrecía las almas de sus padres, ambas familias consiguen unirse y disipar la niebla que oscurece a Cumbres borrascosas.

Una obra elaborada con gran meticulosidad narrada en primera persona a dos voces: la primera y principal, por la cercanía al texto, de la mano de Lockwood, que llega a la Granja de los Tordos para conocer a su casero Heathclift y la segunda, en forma de historia, por Ellen Dean, la mujer que cuidó a Heathclift, Catherine y Hindley de niños y que en la actualidad sirve a la familia Linton.

Emily, su autora, nos sumerge en la historia valiéndose de sus delicadas y detalladas descripciones, tanto físicas como psicológicas, de los lugares y personajes que la constituyen; permitiéndonos así percibir, como en nuestra propia piel, sentimientos como: desolación, dolor, soledad, amor… que esta novela nos brinda.

Para concluir, exponer que esta es sin duda una pieza clave de la literatura universal, que recomendaría leer a todo lector apasionado, escritor en ciernes o amante de la escritura del siglo XIX.

Reseña: Un tipo con suerte

Autor: Enrique Vidal

Obra: Un tipo con suerte

Género: Ficción espiritual / policíaca

Año publicación: 2017

Páginas: 149

RESEÑA

Tesoros reflejados en la historia sobre el autor:

Uno de los tesoros que más me han llamado la atención y que creo que es la marca especial del autor es su prosa tan poética y reflexiva que a parte de darle a la historia un hilo que te anima a continuar leyendo le ofrece una melodía especial que te hace amar cada frase, cada pensamiento del protagonista. Sinceramente no tengo el placer de conocer a Enrique pero, por su obra se ve que es un tipo a parte de con suerte XD gracias a ese hermoso don que Dios le ha otorgado para la literatura. También se refleja entre sus palabras una persona sensible, que empatiza con facilidad con el prójimo y sobre todo, muy observadora.

Sobre la obra:

Vagar por los recuerdos de uno mismo no siempre es fácil, y esto es lo que hace durante cuatro largos días de interrogatorio su protagonista, remover esas heridas de las que ha estado intentado escapar durante toda su vida, con tal de encontrar a un extraña mujer que se pasa la vida como él, escapando de si misma. Y tras este viaje no solo descubre con la ayuda de la Guardia Civil la identidad y el paradero de esa extraña mujer que parece pasar desapercibida pero que esta volviendo locos a los agentes por su capacidad de desaparecer sin dejar huella sino que el propio protagonista aprenderá a disfrutar de la vida sin tratar de huir, simplemente disfrutando de los placeres que esta te brinda, ya sea la música, los libros o la compañía de un niño. Un auténtico viaje espiritual que te muestra la complejidad de la mente humana y la sencillez de la felicidad.

Enseñanzas y valores:

Creo que una de las enseñanzas más características que nos ofrece esta obra es sobre todo a enfrentarnos a nuestros recuerdos, nuestro pasado y a no huir de los problemas, pues huyendo te obsesionas en ellos y los atraes con mayor facilidad.

Los problemas, las dificultades vienen cuando vienen, no podemos hacer nada por evitarlas, lo que sí que podemos hacer es enfrentarlas con la cabeza bien alta y aprender de ellas. Esto es lo que nos hace ser más fuertes y a la vez disfrutar de esos pequeños instantes entre problema y problema, ese instante que se hace llamar: felicidad.

Análisis de la narración:

Como bien he dicho anteriormente, la forma de crear hermosas frases con sentido, musicalidad y lírica en el mínimo de palabras posibles aporta calidad, profundidad y emoción a la obra. Su manera de intercalar esas profundas reflexiones con la trama de la historia hacen que dicha novela cobre mayor sentido y fuerza.

Opinión personal:

Este tipo de géneros no es el que suelo leer, pero me ha sorprendido lo atrapada que me ha tenido esta obra de principio a fin, no solo por descubrir que ocultaba esa extraña que se hacia llamar de mil formas distintas para ocultar su identidad, sino por la cantidad de reflexiones, pensamientos y enseñanzas que iba descubriendo gracias a la extraordinaria memoria y sensibilidad del protagonista.

Frases y reflexiones hermosas de la obra

“Siempre el mismo sol y la misma lluvia, porque sabemos que, incluso cuando más brilla el sol, hay humedad en el ambiente y que, cuando más llueve, el sol sigue ahí escondido detrás de las nubes, tímido, a la espera de que llegue su momento.”

“No te olvides de olvidarme.”

“Su vida era una batalla que sólo se libraba en su alma. El cuerpo no era sino una cárcel.”

“Todo es recuerdo, hasta la idea que en nuestra mente tenemos del futuro.”

“La lectura se había convertido en su ancla al puerto de la cordura.”

“No hay peores monstruos que los que viven dentro de uno mismo.”

“Mis certezas desayunan dudas.”

“¿Qué sabemos de las ambiciones del alma más que el hecho de que esta ambiciona hasta después de muerto el cuerpo?”

“Aún no había anochecido pero la ciudad parecía llevar ya un rato amodorrada entre las sábanas, acumulando los recuerdos de otro día gastado.”

“Tal vez, vivir sea esperar en una marquesina a que pase tu autobús soportando madrugadas heladoras y bochornos estivales. “

“La ansiedad y los miedos, que se dan la mano al amanecer, sirvieron de cuco para abrirle los ojos al tic—tac del mundo.”

“A veces, cuesta más bucear en unos recuerdos que en otros, en especial en los difíciles porque, por mucho que uno se lave, en las manos, siempre que acarician esos recuerdos queda algo de porquería.”

“A veces, las estrellas fugaces surcan calles y pueblan aceras, y entregan sus premios de la forma que menos se espera.”

 

Reseña: Kilómetro cero

Autora: Dulce Merce

Obra: Kilómetro Cero

Género: Ficción romántica.

Año publicación: 2017

Páginas: 188

RESEÑA

Tesoros reflejados en la historia sobre la autora:

En Dulce Merce he descubierto, gracias a esta hermosa obra, un estilo jovial y a la vez muy maduro. Jovial por el tono que utiliza a la hora de reproducir las conversaciones y pensamientos de los personajes y maduro por lo tremendamente bien que ha creado cada uno de los personajes de su obra, sobre todo el de Daniel. Con respecto a esto, creo que Mercedes es una mujer muy observadora, cosa que he deducido al leer sus escenas cargadas de detalles que te hacen sentir y entrar en sus paginas, y sensible por la precisión de las descripciones de los pensamientos y sentimientos de Daniel. Y también se aprecia, cosa que por momentos me ha emocionado, lo mucho que ama ser madre. 

Sobre la obra:

Daniel es un taxista de cuarenta años de edad que, tras dejar atrás un pasado complicado teñido de embriaguez, rehuye ciertas situaciones complicadas de la vida aferrándose a su trabajo. Poco a poco se va distanciando de su novia, Julia, hasta que ésta decide abandonarlo. Es entonces, cuando la multitud de coincidencias que encuentra en la vida de las personas que conoce a en su taxi con la suya le hace darse cuenta de que lo más importante de la vida es el amor.  Nada tiene sentido sin ella. Y es cuando empieza a luchar por recuperarla.

Enseñanzas y valores:

He podido apreciar algunos valores muy poderosos que sin duda todos deberíamos tener en cuenta:

-No debemos huir de los problemas para superarlos hay que enfrentarse a ellos.

-Los principales pilares que sostienen una relación sea del tipo que sea es: la comunicación, la confianza, el respeto, la sinceridad y el amor.

-Siempre podemos rectificar y aprender de los errores.

-Para comprender a alguien, ponte en su piel.

-No debemos avergonzarnos o arrepentirnos de nuestro pasado, pues éste fue tal y como debía ser, por eso hoy somos quienes somos. 

-Apreciar los buenos momentos que la vida nos ofrece y cuidarlos pues nunca sabemos cuánto durarán.

Análisis de la narración:

La cercanía, especificidad y sencillez de su narración te sumerge con rapidez en la historia llegando incluso a sentirla como propia.

Opinión personal:

Mientras leía esta historia he viajado por distintas emocionas: aversión, compasión, desolación… Al principio he sufrido mucho pero… al final todo ese sufrimiento que la impotencia que experimentaba Daniel por no saber si volvería a estar con Julia me ha provocado, ha brotado de mis ojos durante las últimas páginas de Kilometro Cero, dejándome una hermosa sensación de felicidad y satisfacción. Este popurrí de intensas sensaciones son las que dejan huella y, por lo tanto, que esta historia no la olvide con facilidad.

Frases y reflexiones hermosas de la obra

“No estoy nada orgulloso de lo que fui, aunque sí del hombre en el que conseguí convertirme.”

“Nunca podemos esperar a que sea demasiado tarde, o nos iremos a la otra vida con una mochila cargada de culpas y frustraciones.”

“Toda la casa me grita su recuerdo.”

“Es curioso cómo recordamos algunas cosas con tanta claridad y otras, a lo mejor más importantes o de más trascendencia en nuestra vida, las dejamos marchar sin más.”

“Jamás pensé que pudiera querer alguna vez a alguien más que a Julia, mucho menos a alguien a quien apenas acabas de conocer; y pienso con ilusión en cuántas porciones perfectas sería capaz mi corazón de dividirse.”

“De momento la vida me sonríe. Habrá que aprovechar para ser feliz.”

 

Empieza desde ya a leer “La magia del amor”

Primera Parte

Llevo miles de años observando al ser humano desde mi celestial y armonioso hogar. Cada uno de ellos hechizados por las vicisitudes de la vida terrenal. Pero he creído conveniente atesorar esta historia que estoy a punto de contar. Quizás no sea la más entretenida ni la mejor narrada, pero sí, que os puedo asegurar, es la más hermosa. 

La historia de un amor ancestral, sin precedentes ni límites.

El mayor de todos los tiempos.

Arcángel Uriel

* * *

Capítulo I

 

            Todo empezó con mi primera misión a la tierra: mi primera vez en un cuerpo de hombre.  Recuerdo cómo incluso el suave aire que acariciaba mi nueva apariencia me hacía estremecer de temor. Era como estar desnudo en medio de un bosque invernal; expuesto a la lluvia, la nieve, el viento, y a toda clase de voraces depredadores que olían mi miedo. Esta sensación no apareció meramente por el hecho de haber dejado mi tranquilo hogar y encontrarme en medio de un mundo hostil; lo que me hizo sentir más desprotegido era la ausencia de una importante parte de mí: las alas. Con la espalda al descubierto notaba como la aprensión que el mundo terrenal albergaba, se introducía a través de esa fisura en mi ser.

            Empecé a caminar sobre esa extraña superficie férrea, con la única ayuda de mis extremidades inferiores. Mis pies subían y bajaban a mi orden, pero sus movimientos eran torpes e irregulares. «No puedo presentarme así, sospecharán», pensé. Así que me puse a practicar en medio de una arboleda de frondosos robles y altos pinos. Sentí por primera vez su fresco e intenso olor. En nuestra morada disfrutamos de experiencias impensables para la mente humana, pero sin duda, al otro lado del cielo gozaban de otras de indudable poder como el olfato. Me dejé llevar unos minutos por ese nuevo sentido que estaba experimentando, pero un rayo de luz se filtró entre las robustas ramas de los árboles, dándome la señal de continuar con mi cometido. Volví de nuevo la atención hacia mi andar: «¿Cómo podían los humanos moverse con tanta facilidad?», pensé. No me cupo la menor duda de que el lúgubre traje que llevaba puesto complicaba aún más el movimiento. Me sentía tan incómodo. «¡Oh señor, no llevo ni un minuto en la tierra y ya echo de menos mi hogar!», pensé dirigiendo mi mirada hacia su morada. Debí tardar media hora más en hacerme a mi nueva forma de desplazarme, pero ¿cómo conseguiría acostumbrarme a hablar?

            El reflejo de un petirrojo, iluminado por un intenso rayo de sol, llamó mi atención. Entonces otro sentido se despertó en mí: el oído. Su melodioso canto, aunque en cierta manera me recordó a las alabanzas de los serafines, penetró en mí para hechizarme de nuevo con una majestuosa obra divina. En ese momento, un sonido mucho más suave y conocido llegó a mí: el alma del animal me estaba hablando. «Es mi oportunidad», pensé. Carraspeé para calentar y dije con un grave tono de voz que me hizo estremecer—: Hola, pequeño —la pequeña ave me miró y al posarse sobre mi hombro, tuve la certeza de que me había entendido. En aquel momento sentí mi boca seca, entonces lo recordé, los humanos tienen unas necesidades básicas muy distintas a las nuestras. Levanté la vista, intentado vislumbrar algo que calmara mi sed. A doscientas aureolas de distancia, bajo un fuego crepuscular que custodiaba todo el paisaje con su brillo, yacía un pequeño riachuelo. Me acerqué con lentitud, aquella forma de transportarme me daba poca confianza y sentía a cada paso como todo mi cuerpo se tambaleaba, experimenté un miedo irracional de caer desde una altura insignificante para un ser que habita entre las nubes. Después de un costoso trayecto y llegar a mi objetivo, el reflejo de un cielo añil dibujado en el agua, abrigado por la presencia de sus dos grandes astros: el sol y la luna, me hizo olvidar mi feroz sed. «¿Cómo es posible que estén tan ciegos?», reflexioné pensando en la divinidad de todo lo que me rodeaba.

            Miré mi reluz, su esfera dorada aguardaba en su interior una aguja que me señalaba la Luz que albergaba en mi ser. En la tierra la Luz celestial es eclipsada por la incredulidad de los corazones y las almas puras se ven obligadas a subsistir y refugiarse en su propia sombra, a la espera de que algún rayo ilumine su camino. Por lo que si la aguja de mi reluz llegase a cero me quedaría atrapado para siempre en el mundo terrenal, convirtiendo mi existencia en una banalidad.  Afortunadamente la Luz seguía abrigando mi interior en todo su esplendor. Por vez primera desde que abandoné mi pacífica morada, noté como mi cuerpo se serenaba y mi mente navegaba en un mar en calma. Así que decidí, no hacer esperar más y ponerme en marcha.

            Benzú era un pequeño pueblo de Ceuta. La costa yacía a sus faldas, reflejando el firmamento en el mar convirtiendo a estas dos grandes creaciones en una. Y, lector, aunque te puedan parecer muy diferentes entre sí, todo nació del mismo Padre. Las montañas en cambio, parecían gigantes rocosos protegiendo los límites de aquel pintoresco lugar. La Guerra Santa no había hecho demasiados destrozos físicos en aquel retirado pueblo español, pero no todo había corrido la misma suerte. Una ola de odio y egolatría arrasó con los corazones más débiles, dejando en el más profundo sin sentido a unos y repudiados a otros. Después de quince años de guerra, las disputas entre religiosos habían alcanzado tal dimensión que difícilmente el hombre por si solo podría solucionar.

            Levanté la mirada hacia mi hogar; despejado y cálido a pesar de la partida del sol, típico de finales de la primavera. Los querubines, ángeles encargados del tiempo, los astros, las luminarias, etc. habían arropado y dado sus buenas noches a su custodio predilecto: el sol. Y animado a salir a la pequeña y tímida luna para alumbrar los sueños de todas las almas.

            Su sosegada luz invitaba a sentir el delicado susurro de las almas. Esta tranquilidad me hacía sentir más cerca de casa, dejé mis pensamientos en blanco y pude escuchar los suyos. «Pues claro, sigo siendo un ángel», recordé al cabo de experimentar un episodio de confusión y debilidad. Cerré los ojos y me dejé llevar. Al segundo me volví a sentir yo mismo, el aire acariciaba todas las partes de mi diáfano cuerpo, ya no percibía el rígido suelo bajo mis pies. Abrí las dos esferas que me permitían gozar del sentido de la vista en la tierra y me descubrí flotando sobre ese disfraz de apariencia humana que Él había creado para mí. Me desplacé a través del viento, pero el cuerpo no me seguía. «¿Quizás con un poco de práctica?», pero escuché de nuevo sus pensamientos; estaban preocupados, me esperaban, no podía perder más tiempo. «Ahora no es el momento». Decidí llevar a cabo mi misión.

 

            A las afueras, bajo unas imponentes montañas, ajenos a un mundo bélico, una joven pareja, apresada por el único lazo del amor, sintió por primera vez el contacto de sus manos sin temor a ser hallados. Hasta el momento habían mantenido en secreto su romance, pero algo tan grande no podía ocultarse por mucho tiempo. Su fuerza rugía con tal intensidad que todas las almas puras que se encontraban a su alrededor podían percibir sus vibraciones. Ésta sería su oportunidad, las cadenas estaban a punto de abrirse para dejar paso a una bestia que abrasaría con su cólera la injusticia.

            Amel, una hermosa joven con tez de muñeca de porcelana, se hallaba espléndida cubierta con un sencillo vestido de algodón blanco; decorado con una simple pero elegante cinta rosada que envolvía con suma delicadeza la esbelta cintura de la muchacha. Junto a ella se encontraba Aladiah su ángel y fiel compañero. Jamás la dejaba sola. Ella lo era todo para él, su alma le pertenecía y debía hacer lo posible por salvarla de las afiladas garras de un mundo cada vez más salvaje. Aunque, a pesar de su custodia, la vida de la joven no había sido ningún camino de rosas. «Así es la vida», pensaba ella. Nunca se dio por vencida. Era fuerte y, aunque todo el mundo la tenía por débil, ella no dejaba que ese adjetivo la representase lo más mínimo. Totalmente autosuficiente, a su parecer, «inocente criatura, tiene mucho que aprender de la vida», pensé. Pues ni siquiera nosotros podemos gozar de la plena autonomía, requerimos de Su presencia y Luz para sobrevivir, y los humanos son seres más frágiles y, por ende, más dependientes. A pesar de la arrogancia que atisbaba en una pequeña parte de su ser, era una joven muy abnegada y entregada a los demás. Su espíritu soñador bebía de la única fuente que le saciaba: su sueño. Un deseo que sin ella saberlo la llevaría al límite de sus fuerzas, hasta ahogar el latido de su débil corazón.

            La pareja iluminada por la luz de la luna se encontraba junto la vivienda donde Amel había crecido y alimentado su alma. Una casa de dos pisos recubierta de tejas ajadas por el paso del tiempo y en su cúspide, a modo de sombrero, un tejado rojizo custodiaba todos los recuerdos que habitaban en su interior. Un pequeño gallinero y un corral acompañaban a esta solitaria estancia envuelta por frondosos árboles y brezos que le otorgaban una atmósfera peculiar: libre de prejuicios y hostilidad. La joven Amel había crecido muy feliz en aquel remoto claro del bosque, lejos del odio que reverberaba en los ojos de la gente. Pero su vida pueril y despreocupada estaba a punto de cambiar. Dirigió su profunda mirada dubitativa hacia la de su amado y lo que en ella halló, corroboró sus dudas. Ante ella, vio unos enormes ojos castaños que reflejaban inseguridad y miedo. «¿Estamos haciendo lo correcto?», se preguntaban ambos para sus adentros.

            Un vago recuerdo pasó por la mente de Isà: la primera vez que sus miradas se unieron en una. La suya, apagada y perdida en un profundo océano de aguas enturbiadas y la de aquella Amel de dieciocho años, llena de esperanza y un brillo que ensalzaba su luz. Era ella, estaba seguro, no podía ser ninguna otra. Solo ella había conseguido levantar a un agotado Isà de los escombros que dejaba la guerra y darle una esperanza a la que aferrarse.

            Las actuales leyes estatales no les permitían estar juntos. Si ella, hija de padres cristianos y educada en dicha fe, hubiese accedido a abrazar su religión, el islam, todo habría sido más fácil. Pero un persistente sentimiento, que ardía bajo su pecho cada vez que este pensamiento afloraba en la mente, impedía que Amel tomase dicha decisión. «¿Pero, por qué? Todo sería más sencillo de esta forma», pensaba con impotencia.

            —¿Tus padres… no han querido…? —preguntó dolorida Amel, incapaz de acabar su frase.

            —No. —Negó apesadumbrado con la cabeza Isà— Pero no te preocupes, —le cogió de las manos—  un día te verán a través de mis ojos y no podrán evitar amarte.

            Ella asintió bajando lentamente su afligida mirada hacia el suelo.

            Quizás la época y el lugar en el que se conocieron no eran los adecuados, pero aun así ellos habían luchado por su amor y allí se encontraban, dispuestos a dar una importante lección de valor y amor a su pueblo. Sobre un improvisado altar hecho con palés y envuelto en una delicada tela madreperla, que daba la sensación de estar en el interior de una enorme concha bajo el único influjo de la pasión.

            Amel retiró un segundo su mirada de Isà, y la dirigió a la persona más importante que había conocido desde que tenía uso de razón: su padre. Sentado frente a ellos, acompañado únicamente de su fiel amigo Pastor, su perro de raza pastor ovejero australiano que iba con él a todas partes; ayudante a la hora de cuidar el rebaño y amigo en los largos días de invierno. Ellos y ahora Isà, eran su única familia. A pesar de la distancia, que aún me separaba de ellos, pude sentir como el corazón de la joven se oprimía al pensar en la soledad que a partir de ese momento abrigaría a su padre. Y sin emitir ningún sonido, sus finos labios pueriles se abrieron para articular un “te quiero” acompañado por un soplo cargado de amor.

            Los jóvenes se estaban empezando a impacientar. No sabían aún quién era aquella persona que había aceptado este cometido, aun y sabiendo las consecuencias. Fue el alma de Aisha, la madre de Isà, quien me hizo llamar. Y aunque ella no se encontraba en la ceremonia, su ángel si lo estaría. «¿Y si se ha echado atrás a última hora?», escuché que pensaban. Pero claro, ellos no se podían hacer una idea de lo cautivador que era este lugar para mí al sentir por primera vez el aroma de la naturaleza y ver a través de un humano la belleza de la creación. Tampoco ha sido nada fácil controlar mi cuerpo y avanzar transportando todo mi peso.  Pero allí estaban.

            —Ya llega —dijo Pablo suspirando relajado al verme venir.

            Amel relajó en segundos todas las facciones de su rostro, para que éste volviese a verse brillar de felicidad. «Ya está, tranquila, estás junto al amor de tu vida, nada podrá ir mal a su lado», pensaba Amel mirando a su futuro esposo.

            —Les ruego que disculpen mi tardanza. Me he… —pensé buscando una excusa— perdido entre el bosque y no encontraba la localización. —Me exculpé algo incómodo con mi nueva forma de hablar, tampoco controlaba muy bien qué expresión y tono se debía utilizar en estas situaciones. «Qué complejo es el lenguaje de los hombres. Con lo sencillo que es comunicarse a través de las emociones, éstas seguro que no admitirían margen de error», pensé.

            La pareja se miró tímidamente, intercambiando recelosos pensamientos y, finalmente, ambos aceptaron mis disculpas.

            —Estamos reunidos en este recóndito plano del bosque —las palabras empezaron a brotar de mi boca como si estuviese dotado de una divina inspiración— para unir en matrimonio bajo los ojos de Dios, a dos jóvenes que decidieron emprender juntos un camino lleno de obstáculos que, lejos de separarlos, fortalecerá su unión. 

            Noté los ojos de Pablo clavados en su hija, era lo único que le quedaba en este mundo, y de algún modo sentía que hoy se la iban a arrebatar. Por eso, y a pesar de la inmensa felicidad que le hacía el verla tan dichosa, en su interior se estaba llevando a cabo una batalla de emociones contrarias.

            —Bien, queridos humanos —ambos me miraron extrañados ante mi forma de dirigirme a ellos. Entonces me di cuenta de que el término “humanos” tratándose de que yo también era uno de ellos, sonaba extraño— hijos, —rectifiqué—  cuando os plazca podéis empezar a recitar vuestros votos matrimoniales e intercambiaros las arras. —Elevé los brazos sin saber bien por qué animando a la pareja a iniciar la ceremonia.

            Isà después de escuchar mis palabras, intentó en dos ocasiones pronunciar la primera sílaba de su voto, pero de su esfuerzo tan solo se pudo oír un agudo sonido ininteligible. Vi como su ángel de la guarda, Haziel, dejaba entrever una cómplice sonrisa y lo envolvía con sus colosales alas, para tratar de equilibrar sus emociones y calmarlo.

            El joven había soñado tantas veces con este momento que cuando lo pudo acariciar se paralizó. Amel sería por fin suya. Aquella chica con andares ágiles, que día tras día veía pasar ante su mezquita, iluminada por un sol que parecía nacer de su interior, por fin sería su esposa, o al menos para él así sería. Aunque su comunidad no la aceptara, la amaba y no podía, ya no, vivir sin ella.

            —Yo Isà Abdullah te quiero a ti Amel Luna como esposo, y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

            —Yo Amel Luna te quiero a ti Isà Abdullah como esposa, y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

            Ambos se quedaron mirando fijamente y de esta mágica conexión, que se da en contadas veces entre hombre y mujer, nacieron unas chispas que danzaron a su alrededor hasta crear un áurea luminosa que los envolvió.

            —Por el don que Dios me ha otorgado, desde hoy y para siempre, os declaro marido y mujer. Isà puedes besar a la novia.

            La recién unida pareja se refugió en el interior de aquel cuarzo rosa diáfano que su amor había creado. Inmersos en un mundo en el que ellos eran los protagonistas, se besaron. Se sentían libres. La sociedad seguiría en su contra, pero juntos serían capaces de enfrentarse a todo tipo de vicisitudes que la vida les deparará. Y mientras Amel seguía besando a su ahora esposo un pensamiento muy fuerte creció en su mente, esta ceremonia, oficial o no, había abierto el grifo de su fuente. Lo que provocó, sin que ninguno de los dos se percatara, que una nueva chispa, esta vez, albina y muy brillante naciese de ese halo rosáceo que les mantenía unidos. Se posase justo en el punto en el que sus pechos se unían y finalmente, ascendiese hacia el cielo dibujando tras de sí una estela, un camino que un día un alma recorrería, si Dios así lo deseaba, hacia sus progenitores. Los ángeles y yo, éramos los únicos que podíamos admirar con gran orgullo el espectáculo, pues tras esta señal llena de significado, cobraba vida un sueño.

            —Amor mío, hoy es el segundo día más feliz de mi vida —dijo Amel con una mirada profunda y centelleante, que dejaba entrever toda la ilusión y la fuerza que aguardaba en su interior.

            —¿Y cuál fue el primero? —La miró Isá expectante.

            —Cuando llegue el día lo sabrás. —Sonrió con una mirada enigmática.

            Isà entrecerró sus ojos intentando, en vano, leer sus pensamientos y, finalmente, ambos se sonrieron con complicidad.

 

            Con el tiempo supe que ese día tan especial, que mencionó Amel, estaba estrechamente relacionado con el principal motivo de mi misión.

 

¿Te has quedado con ganas de saber cuál es ese día tan especial para Amel y por qué el Creador ha mandado un arcángel para ayudar a cumplir su sueño? Entra aquí y sigue disfrutando de esta maravillosa historia de amor. 

 

 

Renovarse o Morir

Buenos días queridos soñadores, esta es una entrada diferente a las habituales. Pues, tal y como digo en el título, estoy renovando la forma de ver y sentir la guarida, con el propósito de que llegue con mayor intensidad a acariciar vuestras almas. 
¿Y cómo lo lograré?
 
Con honestidad y Amor.
Esta noche, las musas que viven en esta guarida han decidido visitarme y por supuesto como me suele pasar robarme horas de sueño, pero… siempre son bienvenidas pues gracias a ellas tienen sentido y alma mis historias.
Me han hecho reflexionar, y como yo no necesito, las dudas me han envuelto y perseguido toda la noche. ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Qué podría mejorar? ¿Cómo podría sentirme más a gusto yo misma con mi guarida?
Bien pues aquí está mi reflexión y por consiguiente aprendizaje, pues toda reflexión aporta algo importante que deja huella en nosotros.
He decidido darle un nuevo enfoque a la guarida. Uno, espero, mucho más sincero y cercano.  Con el tiempo nos equivocamos, cambiamos, rectificamos y eso es lo que nos hace aprender. Creo que yo he aprendido algo, no mucho de estos meses como bloguera o mejor dicho habitante de mi guarida, y ese algo es que no puedo convertir algo tan maravilloso en un obligación. Me explico, hay días en los que todo ser humano, por una u otra razón, no se encuentra con ánimos para realizar según que cosas: como escribir en su propio blog, o en el caso de que seamos muy previsores y ya tengamos el post escrito, no creo que si estamos en uno de esos días al menos bajo mi parecer, sea muy honesto publicar según qué entradas. Y más en mi caso que intento que todas mi historias y posts desprendan un aroma de felicidad, esperanza e ilusión en cada palabra, frase o párrafo. Que lo llegue a conseguir es otra cosa pero esa, y ahora al menos lo sabréis, era mi intención. 
Bien pues con esto explicado quiero compartir una reflexión que me ha llevado a este cambio. Ha habido días en que me he visto presionada, por mí misma sí pero presionada al fin y al cabo, por publicar tal día, a tal hora, cierto post o cierto relato. Suelo tener más o menos preparadas mis publicaciones pero… Me gusta revisarlas y retocarlas antes y eso requiere que ese u el día de antes le eche un ojo para publicarlas tranquila. Ese “deber” que yo misma me autoimpongo con mi blog, que para muchos puedes ser algo positivo no lo dudo, para mí no es que sea negativo pero sí que en ciertos días lo noto forzado, o incluso me siento mal por engañaros diciéndoos unas cosas cuando en realidad mi estado anímico está a kilómetros de ese sentimiento esperanzador que intento compartir. Esta es una opinión totalmente personal y por lo tanto, no digo que sea lo adecuado a la hora de llevar un blog, simplemente digo que es lo que yo como persona y aprendiz de escritora siento que debo hacer. Así que a partir de ahora no os voy a prometer que tal día de la semana predeterminado tendréis un nuevo post en nuestra guarida, digo nuestra porque tú al entrar en ella formas parte también de ese corazón que alimenta sus historias y reflexiones, simplemente el día que me sienta sinceramente con ánimo, con ganas y sobretodo sienta lo que esas palabras que he escrito dicen y crea en esa ilusión que intento transmitir ese día, tendréis un nuevo post o relato cargado de verdadero amor, de verdadera ilusión y en definitiva de verdaderos sentimientos.
Así que lo que en su día me planteé o mejor dicho estudié que debía plantearme como un blog para captar posibles lectores, captar suena muy mal, prefiero enamorar a posibles lectores, hoy lo veo de otra manera. ¿Por qué no abrirlo a un público más extenso? No voy a dar lecciones de cómo escribir, no estoy a ese nivel, pero… ¿no somos los escritores unos de los sectores que más libros leen? ¿O es que los escritores solo escribimos? Pues bien este blog también es para vosotros y para todos aquellos que os apetezca reflexionar y soñar conmigo. 
Esta es vuestra guarida y crecerá con vuestros pensamientos, sentimientos, reflexiones y como no, pues ella siempre está en el corazón de este lugar, con la literatura. Así que entre todos, hagamos de ella un bonito hogar.
No os prometo nada, tan solo que todo lo que halléis en ella será fruto del amor, la honestidad y la ilusión.