Una divertida historia de amor entre una chica superficial y cargada de prejuicios y el chico más feo del instituto

Como escritora pero sobre todo como lectora, hay un tema que verdaderamente me preocupa, puede que solo sea a mí, es posible, soy un poco atípica XD Pero volviendo al tema… y es que siempre que leo literatura romántica ambos protagonistas son super, mega, ultra guapos… ¿y qué pasa con el 99% de la sociedad? ¿Hasta donde queremos que lleguen nuestros ideales de belleza o los de nuestros hijos? ¿Por qué no escribir una novela con protagonistas más normalitos, más del montón, o quizás más del montón feo? Y diréis: ¿a qué viene todo esto? Pues quería hacer una pequeña introducción para este microrrelato, que por cierto he escrito bastante rápido, así que no seáis duros con vuestros juicios, pues… puede que detrás de esta historia, de estas simples palabras escritas en una sola tarde, alguien se sienta identificado, o simplemente que alguien consiga ver más allá de esos prejuicios que la sociedad de hoy en día nos impone. Y ahora sin más demora os dejo con:

 

Una divertida historia de amor entre una chica superficial y cargada de prejuicios y el chico más feo del instituto

A simple vista Hugo era más bien feo, algo bajo para ser un chico de quince años y delgado, muy delgado. Su sonrisa venía siempre con él, parecía feliz, a pesar de todo, quizás él no se veía como le veía la gente, quizás él solo se veía como de verdad era.
Sus desgastados dientes dejaban entrever alguna que otra caries que asomaba de su boca, tratando de oscurecer el más mínimo detalle de belleza que se atreviese a manifestarse. Era un chico del montón, bueno del montón más bien feo.
El día que por desgracia, al principio y por suerte al final, entablé conversación con él, recuerdo que los destellos del sol me cegaban, permitiéndome, tan solo, escuchar su voz.
-Me llamo Hugo -dijo.
No respondí. Pero él siguió hablando. Hablaba solo, no necesitaba ni siquiera que yo asintiese con la cabeza para darle pie a seguir, él seguía y ya. Hasta que conseguí dejar de lado mis prejuicios y lo escuché. Me estaba intentado hacer reír.
-Era un chico tan feo, tan feo que envió su foto por e-mail y la detectó un antivirus.
Noté como una parte de mí quería reírse con él, quería seguir escuchándolo, y mi boca empezó a dibujar una tímida sonrisa, casi imperceptible, que él percató.
Y continuó, esta vez más animado:
-Era un chico tan y tan feo que cuando jugaba al escondite nadie lo buscaba. -Al acabar ambos reímos juntos.
“Quizás sea la primera vez que alguien se ríe con el y no de él”, pensé. Y cuando quise darme cuenta había pasado más de un cuarto de hora enfrente suyo, en una esquina del patio del instituto, y el sol ya no me deslumbraba la vista. Y por primera vez, vi al chico feo simpático, del que me enamoré.

Si queréis podéis escribir vuestra opinión sobre este dilema mio o sobre el relato en los comentarios. Estaré encantada de leeros.

Billete de vuelta

Aquí sigo, esperando en la misma parada de la estación que te encontré. Sola. Observando pasar trenes que no se detienen. Esta no es su parada. Quizás alguno, por error, se detenga, quizás alguno se extravíe y me encuentre. Quizás tú decidas usar ese billete de vuelta que te regalé, ese que nada más ver rompiste, ese que desechaste sin pensar. Quizás no fuese yo tu parada, quizás no fueses tú mi tren, quizás todo este entramado de vías tan solo formen parte de una red ferroviaria fantasma, un simple recuerdo de un pasado que no volverá a nacer.

Vivir

Cuando llegamos a esa edad en la que damos por sentado que un día, más tarde o más temprano, moriremos, dejamos de ver la vida, dejamos de emocionarnos por la belleza que nos rodea, y nos centramos en la muerte. Hasta que unos días, meses o años antes de que dicho acontecimiento ocurra, nos damos cuenta de que estamos vivos y nos arrepentimos del tiempo que perdimos temiendo lo que ya sabíamos que llegaría, sin disfrutar lo que en ese momento teníamos.

Fin

Desde el cielo el mundo es de otro color

Desde el cielo el mundo es de otro color: la gente es generosa, humilde, altruista, las risas de los pobres son más valiosas que la fortuna del rico, la tristeza es efímera, la felicidad infinita, el amor que emerge de los corazones detiene el llanto de las nubes y dibuja el arcoíris; un puente de colores que une la lluvia y el sol, la tristeza y la felicidad, el amor y el odio, la paz y la guerra, todo se vuelve uno cuando escuchamos a nuestra voz interior, cuya pureza jamás perdió.

Desde el cielo el mundo es de otro color. Un color que en la tierra no vemos y nos viste de amor.

El valor de una carta

Su delicada ortografía y las amorosas palabras que emergen del corazón del autor convierten a la carta en una joya de gran valor sentimental. Pero si, además, se la adereza con unas tímidas lágrimas, su valor aumenta. Hasta alcanzar un precio que tan solo el corazón a quién va dirigida tendrá derecho a pagar.

Solo su receptor entenderá la magnitud y profundidad de esas palabras.

Solo él será capaz de ver las lágrimas del escritor.

Solo su corazón percibirá su emoción. 

Hambre

El sonido de ese rugido tenebroso, me ha vuelto a avisar. Siento miedo. Trato de protegerme con mis delgados brazos, pero nunca calla. Nunca. Siempre halla el momento para gruñir, para asustarme y hacerme llorar de dolor, mientras me revuelco por el frío suelo, a la espera de que un mendrugo de pan silencie el lamento de mi estómago vacío.

Distintamente iguales

Tú caminas sobre dos patas, yo sobre cuatro.

Tú hablas un idioma, yo otro.

Tú te emocionas por unas cosas, yo por otras.

Sí, somos distintos, pero ambos caminamos, hablamos y nos emocionamos igual.

Y llegaste tú

Con solo ver tus ojos necesitados de amor y tu alma hambrienta de cariño, me enamoré de ti. Llegaste de manera inesperada, acaparando todo ese amor que yo necesitaba donar y que tú, sin rechistar, recibiste con gusto. Fuiste, sin desearlo, uno de esos impulsivos antojos que entran por la vista y que, cuando se desgasta el envoltorio, se desecha sin más. Para mi suerte mamá es una amante de esos desechos que nadie quiere. Y cuando llegué a casa y te vi venir hacia mí por el pasillo, con tus grandes orejas y tus ojos miedosos, supe que mi corazón te esperaba, anhelando iluminar tu mirada. Solo a ti. Solo a ese perro que nadie quería, pues era para mí. 

¡Gracias por llegar a mi vida, Buda!

Aportación al blog: Nosotras, que escribimos

La voz de mi corazón

Me equivoqué, no supe escuchar y ahora mi alma permanece moribunda en un mar de miedos e incertidumbre. Todos me dicen que tras la noche hay día, pero los querubines que abren las compuertas al astro rey, parecen haberse olvidado de mí. Demasiado tarde, pienso. Ya no hay vuelta atrás. Me envuelve un silencio lúgubre y por primera vez la suave voz de mi corazón grita con fuerza, llena de cólera. Y decido escucharla. Un pequeño y tímido hilo luminoso aparece por el rabillo de mi ojo. Está amaneciendo. Mis sensibles ojos, acostumbrados a la penumbra, tardarán en acostumbrarse de nuevo a la luz, pero la recibo como si volviese a encontrarme, después de mucho tiempo, con un familiar muy querido. Al principio quizás me sienta algo cohibida, pero pronto volveré a disfrutar del calor de sus abrazos.

También lo hallarás, junto a otros escritos, en mi blog de autora de Sabes Leer.

*·:·* ESPECIAL SAN VALENTÍN *·:·*

Nunca fue tiempo perdido

Cuánto tiempo perdimos, entre desamores y llantos, buscándonos el uno al otro. Y cuando al fin nuestros caminos dejaron de caminar en paralelo y se alinearon, nos encontramos. Tú ibas cogida de su mano. Yo con los puños apretados y la mandíbula tensa traté de ignorar el dolor que me causaba verte con él. Nos miramos. El brillo de tus ojos llorosos anhelaba mi cariño, y sin decirle nada a “tu amigo”, viniste a mis brazos. Regresaste. Sí, cometí un error al creer que estaría mejor solo, pero no fue tiempo perdido, pues comprendí lo mucho que te necesitaba junto a mí.