Querido corazón…

…tú que me mantienes cada día con vida, que lates al son que te he exijo, quería pedirte disculpas por no cuidarte como te mereces, como tú lo haces conmigo. Y por eso hoy te concedo un espacio para que expreses todo cuanto sientas.

Gracias, Cristina, por estos minutos que me concedes. Hoy en día los corazones no tenemos la oportunidad de expresarnos por escrito, salvo en contadas ocasiones en las que nuestros dueños nos dejan hablar, para que de su pluma salgan auténticas maravillas.

No es fácil ser un órgano tan vital y tan poco valorado. Hoy en día la gente le da más importancia a la razón y dejan a los de mi familia de lado, los silencian y estos, poco a poco, se resignan y finalmente dejan de esforzarse por hablar.

No estoy enfadado contigo, todos los humanos cometéis errores, nosotros tan solo pagamos las consecuencias. Sé que durante una etapa de tu vida me dejaste de lado por completo, que incluso estuviste a punto de matarme. Pero yo persistí, seguí susurrándote al oído para intentar recuperarte, y hacerte volver en sí. Solo quería lo mejor para ti, yo sin ti no sería más que un pedazo de tejido muerto. Sé que intentabas prestarme atención, pero había otras voces que te hablaban con más fuerza que la mía, eran más agresivas y, por lo tanto, llegaban con más facilidad a ti. Pero no te culpo, creo que ya has pagado las consecuencias y con creces. No quiero que eches la vista atrás, ahora ambos estamos bien y sanos. Tenemos un largo camino por recorrer juntos, y siempre vas a tener el sibilante sonido de mi voz en tu interior, evitando que esos extraños entren de nuevo en ti y nos vuelvan a destruir.

Es de suma complejidad, siendo meramente un órgano, cuidar de un ser humano; por eso a veces fracasamos. No podemos con esos estímulos externos tan atractivos con los que os acribillan a cada instante. Es difícil expresar la impotencia que nos provoca ver como os manipulan, como tomáis las decisiones erróneas y, sin embargo, no podemos hacer nada más que esperar. Sí, esperar a ese momento en que, por distintas circunstancias, volváis a conectar con vuestro interior, con nosotros, y reconozcáis vuestro error. Y entonces, se da la reconciliación; yo vuelvo a ser tu única voz y tú haces que la melodía de mi latido suene de nuevo alegre.

No tienes que sentirte culpable por lo que pasó, preocúpate por lo que vendrá y si sigues atenta a mí: seremos muy felices ambos.

Gracias por concederme estos minutos, gracias por volver a escucharme y gracias sobre todo por esa fortaleza que te caracteriza, la cual fue capaz de derrotar esas otras voces que interrumpían mis dulces susurros de amor.

Tu corazón.

Reseña: Ensayos literarios de Robert Louis Stevenson

TODA FRASE DEBE SER BELLA

“Ningún libro es perfecto, ni siquiera en su concepción; pero muchos causan las delicias del lector, le hacen mejor y le reconfortan.”

 

FICHA TÉCNICA

Autor: Robert Louis Stevenson 

Obra: Ensayos literarios

Género: Ensayo

Año publicación: Anterior a 1894

Páginas: 214

 

RESEÑA

Robert Louis Stevenson, escritor reconocido principalmente por ser el autor de dos grandes clásicos de todos los tiempos: “La isla del tesoro” y “El extraño caso del doctor Jekyll”.

Este respetable novelista, ensayista y poeta nació en Edimburgo en 1850. Tuvo una vida complicada a pesar de lo que a partir de sus narraciones podamos creer, desde pequeño sufrió de tuberculosis, la cual le causaba fuertes dolores que por las noches le impedían dormir, hasta que después de una vida dedicada a su pasión, la literatura, murió a sus 44 años en un remoto lugar de Oceanía, Samoa. 

Este ensayo, que el autor dividió en tres secciones: “Ensayos sobre el arte de la escritura”, “Bocetos” y “Crítica literaria” es un resorte para todo aquel que desee introducirse en el mundo de la escritura. En el que hallarás pequeñas dosis de la realidad que envuelve al escritor, que te harán reflexionar y, en última instancia, te ayudarán a encontrar por ti mismo la divina trinidad de la escritura: perseverancia, pasión y humildad.

En la primera sección: “Ensayos sobre el arte de la escritura”, Stevenson te muestra gracias a varios ejemplos ilustrativos y a grandes reflexiones que él mismo llevó a cabo, la complejidad de una profesión que para algunos sectores sociales no estaba del todo bien reconocida por aquel entonces, y me atrevería a matizar que aún hoy. En esta parte, la cual considero las más reflexiva e instructiva el autor nos presenta ese mundo literario en el que se ve plenamente inmerso y que en ocasiones, debido a su dificultad, siente como absorbe parte de su oxígeno. Sí, en ocasiones, y esto es una reflexión propia, la literatura nos zambulle más de la cuenta en sus aguas, llegando a sentirnos ahogados, pero sí, como bien dice Stevenson, la amamos con independencia del éxito o la fama, nos sentiremos satisfechos y felices a pesar de esa parte menos agradable que todo arte conlleva.

También en esta primera parte del libro, el autor nos obsequia con unos conocimientos más técnicos de literatura como: la elección de palabras, la trama, el ritmo de la frase y el contenido de la frase. Y nos adentra en temas más complejos como la moral de la profesión de las letras, breves apuntes sobre realismo y comparte con sus lectores una parte de él mucho más personal, al ofrecernos pequeñas pinceladas de los libros que más le han influido, como por ejemplo, D’Artagnan del gran Alejandro Dumas.

En “Bocetos” nos expone una serie de pensamientos camuflados en pequeños relatos que nos ayudan a conocerlo más a fondo. Entre ellos encontramos: Un Satírico, que trata sobre un hombre que no es ni enteramente bueno, ni enteramente mal; Nuits Blanches, que narra una de esas noches de insomnio debido a su insoportable dolor; La corona de siemprevivas, que habla de la muerte; Las nodrizas, haciendo una bonita reflexión sobre esta antigua profesión que a raíz de la entrega de una parte de su corazón, a esos niños que cuidaba, la mujer dejaba de vivir.

Y por último, nos ofrece una concienzuda e introspectiva crítica literaria sobre las narraciones de Julio Verne, las obras de Edgar Allan Poe, “El progreso del peregrino”, de Bagster, y algunas de una novela de Alejandro Dumas: D’Artagnan.

En general, considero que una de las cualidades de este ensayo es que te envuelve en una atmósfera agradable y cercana, permitiéndote disfrutar de su prosa mientras aprendes de su experiencia, reflexiones y consejos. Su manejo de las palabras y su precisión a la hora de escribirlas le dan a este ensayo la fuerza, sinceridad y calidez que convierten a este autor en uno de los imprescindibles de la literatura clásica.