Capitulo 2: Aura *¿Jugamos?

El amor, una de las mayores debilidades del ser humano, es capaz de hacer perder por completo  el juicio de una persona. 

 

 

Un intruso; eso soy yo para ti. ¿Cómo he podido llegar tan lejos? ¿Quizás si no me hubiese expuesto tanto…? Pero me era imposible ver cómo cada noche dejabas abierta la puerta de tu mente y no entrar a jugar contigo. Demasiada tentación. Tu mente atesoraba todo lo que en su día yo anhelé. Para mí, soñar es impensable, pero nadie me impedía aprovecharme, en cierto modo, de tus sueños. Y poco a poco me fui sintiendo cada vez más unida a ti. Pasé más tiempo del debido dentro de ti. Me excedí, y ahora ambos estamos pagando las consecuencias.

La palabra “intruso” resuena por todo mi mundo, como un eco tenebroso, recordándome en lo que me he convertido. Y es que a pesar del tiempo, aún no he aceptado mi nueva condición. Supongo que siempre es demasiado pronto para aceptar que ya no eres quien creías ser, que ya no eres nada.

Bajo la mirada apesadumbrada, desconecto el juego, y me libero unos minutos de ti. Yo ya viví esa escena, y cada vez que me viene a la mente siento como una parte de mí se resquebraja. Ese fue el primer paso hacia mi exilio.

—Señorita, Gadel, —me dijo el psicólogo que días atrás había empezado a tratarme— debo ser franco con usted: su diagnóstico es complejo, pero por suerte tiene cura. Tiene lo que en el ámbito de la salud mental se le conoce como “el intruso”.

Por aquel entonces, aquellas duras palabras, reveladas a una joven de veintidós años cuyo único diagnóstico al que se había tenido que enfrentar en la vida fue el de su dentista, cayeron sobre mí como un cubo de agua fría; sin mostrar un ápice de compasión por su parte, me destrozó el alma.

Sabía que algo no funcionaba bien en mi cabeza, pues mis sueños se habían apoderado de toda mi vida: dejé de ir a la universidad, dejé de lado a mi familia, a mis amigos… Llegué a poner en duda mi cordura. Hasta que al final, unas personas, si es que se les puede llamar así, intervinieron, haciéndose valer de unas justificaciones algo imprecisas, borrando toda duda de mi mente. Siempre intervienen, procurando acabar con ese ápice de sensatez que aún creemos tener, y nos convierten en sus marionetas. Lo hacen con todos; contigo también.

De nuevo vuelves a mi mente, y comprendo que todo esfuerzo por tratar de alejarte de mí es en vano. Un súbito destello me embriaga la mente. Nuestro último encuentro onírico regresa a mi memoria, ofreciéndome un resquicio de esperanza en medio de toda esta oscuridad. Llevaba días sin aparecer en tus sueños, mi presencia te dañaba. Pero, cuando al fin conseguí el valor necesario para alejarme de ti, de tus sueños, de tu vida… tú empezaste a buscarme por todos y cada uno de los decorados que tu subconsciente creaba. Tu testarudez es de admirar, pues a pesar de ser una misión impensable para cualquier humano, tú continuaste inmerso en tu búsqueda hasta que me encontraste.

Sentí la vibración que el latido de tu corazón producía en mi interior, y empecé a caminar con paso ligero, huyendo de nuevo de ti. Intenté pasar desapercibida entre la multitud de personas que aparecían en tu sueño, pero no me perdiste de vista. Solo tenías ojos para mí. Y me seguiste hasta llegar a la fuente cuya agua no es incolora, inodora, ni húmeda, esa que nos vio por primera vez juntos… Y allí no tuve más remedio que detenerme, a pesar de ser consciente del riesgo que nuestro encuentro te ocasionaría, pues en la fuente terminaba el escenario que tu mente había creado. De un modo inteligente colocaste una barrera que me impedía seguir huyendo de ti. Me giré y… percibí tu alterada respiración, parecías cansado. Te costaba conciliar el sueño, por el temor que te producía volver a sentir la angustiosa sensación de no soñarme. Pero, al fin, me hallaste.

Tus ojos se posaron en los míos y, en ese preciso instante, comprendí la magnitud de mi debilidad. Contra todo pronóstico, pues según me dijeron nada más llegar a mi nuevo mundo los hamia no podemos percibir ningún tipo de emoción, algo en mi interior empezó a revolotear por todo mi cuerpo al sentir tu mirada sobre mí.

Justo entonces una intensa sacudida, nos separó. Tú volviste a tu mundo y yo al mío. Un accidente contra un camión te sacó de ese sueño en el que al fin me habías encontrado. Y cuando recuperé la compostura, pues después de tu mirada no me resultó nada fácil, y te vi tirado en el suelo de la carretera, me di cuenta de que yo fui la causante de tu desgracia.

Dejo la mente en blanco, tratando de regresar a mi mundo. Y una vez en el candor de mi hogar me desplomo sobre la blanca y mullida superficie que lo cubre todo, y me abrazo a esa intensa melancolía que, desde entonces, me atormenta.

Un ligero y casi inaudible sonido, me alerta de que alguien se acerca. Alzo la mirada, y me encuentro con Nextor, mi mentor. Aún con los ojos cerrados, se detiene junto a mí. «Continua jugando», pienso, pero en un resorte los abre, y todo su alrededor, todo ese magnífico escenario que lo arropaba, desaparece. Ha desconectado el juego. Mi diáfano y níveo mundo vuelve a aparecer iluminado por lo que a vista de humano sería una simple luz celeste, y que en cambio para mí es un hamia —nombre que recibe nuestra especie—, y no uno cualquiera sino uno de los más antiguos del lugar.

—¿Ya buscaste a otro? —me pregunta Nextor al ver como la luz que cubría mi ser, parpadea incesante, a causa del intenso dolor que padezco.

Niego con la cabeza.

Camina con decisión hacia a mí. Nextor, podría decirse, para que me entiendas, que es como mi padre en este mundo.

—Escucha, sé que no lo estás pasando bien. En su día, cuando tu tozudez se fijó en él, te lo advertí. Percibo el grado de sensibilidad de todos los avatares que pueblan el mundo. Y sabía que este en cuestión tenía un grado muy elevado. Era de los complicados. Un caso para un hamia con más experiencia, como Helia —su compañera— o yo.

»Aura, llevas muy poco tiempo en este mundo, tu anfitriona sigue con vida en algún lugar de la tierra sin hallar, por parte alguna, esa bondad que tu marcha le robó. Eres una hamia muy joven necesitas experiencia, y… —baja la mirada, afligido— que tu anfitriona muera para que todo esos sentimientos que hoy crees sentir, desaparezcan, solo entonces serás capaz de serle de ayuda a un avatar de tal calibre.

»Tu vínculo con ese mundo hace que tu luz sea más brillante de lo normal. Aún, después del tiempo que llevas aquí, sus latidos siguen implorando tu ayuda. —Sus palabras me atraviesan como flechas ardientes. Creí haber superado el duelo. La separación no fue fácil, y, a pesar de los años, continúo sintiéndome parte de ella.

»Para ella es demasiado tarde. No supe tomar distancia, me recordabas demasiado a…—su luz se debilita, veo como la pena acaba de entrar en su interior y a pesar de no poder sentirla, es visible a la vista— mi hija. Me dejé llevar por mi egoísmo, hasta que arruiné toda tu vida.

»No permitas que le ocurra lo misma él. No dejes que pierda a su hamia. Sabes que nuestra presencia beneficia a los humanos. No hagas como yo, Aura, protégelo. Y… protégete a ti misma. No consientas que la mayor debilidad humana se apodere de ti.

Percibo en su voz esa unión que siente por mí, quizás debida a ese sentimiento de culpabilidad que lo persigue desde que me separó de mi anfitriona o, simplemente, por mi parecido con su hija. Pero es demasiado tarde; la debilidad por ti se halla fuertemente arraigada en mi corazón. 

Continuará…

 

¡No dejes de jugar!

Me interesa tú opinión 

¿Impresiones?

¿Te intriga la historia?

¿Qué te gustaría que pasara?

Este es tan solo el principio del juego, espero que juntos logremos llegar hasta el final.

Si os gusta podéis leerla también por Wattpad y seguirme desde allí 🙂

Capítulo 1: El intruso * ¿Jugamos?

“Un sabio me dijo en una ocasión: «No creas nada de lo que te cuenten». ¿Por qué?, pensé. Porque todo, absolutamente todo, es mentira.”

 

Son las ocho de la mañana te acabas de despertar, esta noche, en total, te has despertado cinco veces: tres para ir al baño, dos para beber agua, has dado en total treinta vuelas en la cama y… pensado en mí casi toda la noche. No, esta noche, tampoco me has soñado pero seguimos unidos gracias al juego.

Te llevas las manos a los ojos, te los restriegas y, con tu exagerada forma de hacerlo todo, bostezas. Te diriges hacia el espejo que reposa junto tu armario, ese que te permite verte de cuerpo entero. Y te miras. Tu imagen nunca te ha llegado a satisfacer, pero con la edad has logrado aceptarte. Me alegro. Me costó mucho hacerte salir del pozo en el que caíste en la adolescencia, no fue fácil, pero como otras muchas pantallas conseguimos salir airosos. Ahora, nos encontramos en un nivel superior, más difícil. Pronto te hallarás solo, pero debes seguir caminando, y pasando pantallas. Esta es tu vida, naciste para jugar tu juego. Nadie más lo puede jugar por ti. Todos tienen uno propio y este, querido amigo, es el tuyo.

Te observas más de cerca y, me ves en esas bolsas moradas que han aparecido tras varias noches en vela buscándome. Sin mí, no consigues conciliar el sueño.

Te apartas del espejo, y caminas con paso cansado hacia el recibidor. Al ver los músculos que se marcan en tu espalda, me estremezco, no es normal que me pase esto, pues ya había jugado antes con muchos otros, pero tú eres distinto. Aprietas uno de los botones del contestador, y empiezan a sonar todos los mensajes que tienes: de tu madre, de tu jefe, de tus amigos… todos preocupados preguntan por ti. Y lo cierto, aunque tú no lo sabes, es que llevas días sin dar señales de vida. Te muestras extrañado, veo cómo se van poco a poco formando las arrugas de la perplejidad en tu frente, pues en tu memoria no parece que haya pasado tanto tiempo. Giras sobre ti, tratando de comprender qué sucede, pero todo está como siempre: tu cama desecha justo en el centro de la habitación, al lado haciendo las veces de mesita tu viejo taburete de acero y sobre este, tu despertador. Al fijarte en la hora y el día que marca, te das cuenta: no es 7 de noviembre, sino 22 de enero. Te llevas las manos a la cabeza, te alborotas, sin querer, el pelo y corres hacia el baño para echarte un poco de agua fría en la cara. Crees que eso te ayudará, crees que tu cordura volverá a recuperar sus niveles de siempre, pero… no. Es tarde, tu cabeza ya no es solo tuya.

De fondo el contestador sigue hablando, ahora es una voz desconocida para ti. Apagas el agua del grifo, y te detienes unos segundos a escuchar lo que esa voz te dice: «Soy yo otra vez, escucha, en cuanto escuches mi mensaje, ven a mi consulta. Hemos hallado el problema». Eso soy yo para ellos, pienso apesadumbrada.

Te vistes. Sigues sin entender nada. Te pones esos vaqueros que tanto me gustan y tu sudadera, la misma de tus sueños. Sonrío al evocar los buenos momentos que hemos vivido juntos; recuerdos, que en cosa de minutos, nos arrebataran. Y… temo perderte.

 

—¡Aura! —grita mi mentor. Su repentina aparición, me provoca una súbita reacción. Abro los ojos de golpe, y pierdo la conexión. Pero el juego no se detiene, tú continuas jugando sin mí.

—Déjalo ya, no podemos hacer nada más por él. Escoge a otro. Mírate la cara, ¿no lo ves? —dice extendiendo su brazo, tratando de mostrarme algo que yo ya sé—. Llevas noches intentando entrar en sus sueños. Ellos nos ganan el terreno, no tenemos nada que hacer. —Sé que en este preciso instante si pudiese llorar, lloraría, pero… no hay lágrimas en mi interior.

Asiento, resignada, sé que tiene razón. Ya nos ha pasado esto más de una vez, y siempre hemos tenido que abandonar el juego. Nos ganan, es lo que en vuestras pantallas aparece con un llamativo Game Over. Pero cuando se va, vuelvo a insistir, no quiero darte por perdido. Me concentro en tu pantalla, en ti y te vuelvo a ver, aún sigues en tu cuarto.

 

Estás sentado sobre tu cama, a pesar de la diligencia con que su voz te hablaba, no te has dado demasiada prisa por asistir a su encuentro. Entre tus manos reposa ese ese retrato que trataste de hacerme una mañana, nada más despertar, simplemente con el recuerdo de tus sueños.

Tras varios minutos de miradas vacías, miradas que no llevan a nada, pues tú miras mi retrato y yo tu avatar. Pero en el fondo nos miramos mutuamente, deseando algún día poder clavar nuestros ojos en los del otro, y perdernos en su interior. Te levantas de la cama, y emprendes, con una pizca de contrariedad procedente de tu corazón, el camino hacia su despacho.

Aquí debería acabar, según nuestras reglas, mi juego. Continuar pondría en peligro a mi especie, pero si no sigo jamás volveré a verte, y eso sería peor que ver morir a toda mi familia. Decido seguirte, te adentras en ese oscuro pasillo recubierto de fibra de aluminio, material que me impide verte, pero sí escucharte. Llevo mucho tiempo contigo, sé reconocer tus pasos. Llamas a la puerta y con su característico chirrido, sonido que me eriza la piel, se abre. Entras, y tu voz me llega con gran dificultad, hay interferencias. Es una sala hecha expresamente para separarnos, pero me resisto. Y, al fin, escucho lo que temía sentir.

—Verás, tienes lo que llamamos “Un intruso”. Se crea en el interior de tu mente, debido a un mal funcionamiento de las neuronas, y debemos destruirlo.

Continuará…

Próxima actualización:

Jueves 25 de enero

Hasta entonces… ¡No dejes de jugar!

Me interesa tú opinión 

¿Impresiones?

¿Te intriga la historia?

¿Cómo crees que seguirá?

¿Te gustaría que el protagonista tuviese un nombre o o prefieres dejarlo sin nombre, para creer que eres él?

Si deseas bautizarlo, ¿Qué nombre le pondrías?

Este es tan solo el principio del juego, espero que juntos logremos llegar hasta el final.

NOTA: El link de youtube lo he insertado para que puedas leer el capítulo escuchando la música que me ha inspirado a escribirlo y así, de algún modo, sentir que la experiencia de lectura es más intensa.

Si os gusta podéis leerla también por Wattpad y seguirme desde allí 🙂