Reseña: Sentido y sensibilidad

Ficha técnica

Autora: Jane Austen

Obra: Sentido y sensibilidad

Editorial: Penguin Clásicos

Género: Literatura clásica

Páginas: 369

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Reseña

“Siempre la resignación y la aceptación. Siempre la prudencia, el honor y el deber. Elinor, ¿y tu corazón?” (Marianne Dashwood)

En ocasiones pecamos de prudentes, nos volcamos en hacer lo correcto, sin detenernos a escuchar lo que desea de verdad nuestro corazón. Todos estamos de acuerdo en que la sensatez, que en este caso es reflejada por el personaje de Elinor, es importantísima, es la antítesis de la insensatez, la imprudencia, la irresponsabilidad… Pero, por otro lado, llevada al límite puede cortar las alas a los sentimientos que tratan de aflorar de nuestro interior.

Todo en extremo es malo; ser tan racional y sensata como Elinor o tan pasional y sensible como Marianne, no es la solución para hallar la verdadera felicidad. La esencia de esta historia se haya en encontrar el equilibrio entre ambas.

La forma en que su autora, Jane Austen, sin duda una de mis escritoras preferidas, plasma estas personalidades tan distintas en sus dos protagonistas, las hermanas Dashwood, es exquisita.

Desde un principio trata de presentarte el carácter y la forma de ser de cada una de ellas, sumergiéndote en sus pensamientos y haciendo que te enamores de ambas. Empiezas, como en mi caso, creyendo que la clave se halla en elegir solo una de las dos personalidades, yo me inclinaba por la sensibilidad, juzgando al sentido como una característica más fría y distante, pero conforme la novela avanza me di cuenta, tras sentir en mi propia piel las vicisitudes y sufrimientos que las protagonistas viven, lo equivocada que estaba.

Como bien he dicho antes, ambas personalidades llevadas al extremo nos aportan un ápice de infelicidad: una por ser demasiado sensible, lo cual nos lleva a sufrir constantemente la dureza de corazón de algunas personas y también, y no menos relevante, a ser más impulsivos e insensatos; y la otra por centrar toda nuestra atención en la mente y no en el corazón.

Austen fue una destacada novelista británica, la cual a través de sus personajes retrató aquella sociedad que la rodeaba y, también de un modo muy personal y único, denunció algunas de las injusticias o hipocresías que la población acataba, sin llegar a perder cierto aire de ironía que le confiere menos dramatismo, a pesar de la gravedad de algunos sucesos, a sus novelas.

Su creencia en el amor verdadero era tan fuerte que basó todas sus obras en él. Y, en parte, se valió de ellas para conseguir sentir la felicidad, que ella misma no había podido experimentar, en la piel de sus personajes.

“Sentido y Sensibilidad” es una obra que nos permite bucear por diferentes tipos de personalidades, todas muy distintas entre sí, hasta llegar, tras de algunas vicisitudes, a comprender que el amor verdadero, ya sea de tipo romántico, filial, fraternal o simplemente amistoso… es la esencia de nuestra felicidad.

La exactitud con que la autora ampara cada acto de sus personajes, según la forma de ser, de pensar y sentir de cada uno de ellos, nos demuestra su increíble capacidad de comprensión de la psicología humana. Sin duda, todos los años en los que Jane vio pasar la vida como mera espectadora y plasmaba sus lágrimas en tinta, la ayudaron a profundizar en el aspecto más psicológico de sus personajes, llegando a adquirir personalidades dignas de admirar.  

Con respecto a la estructura más externa del texto, podemos apreciar como la utilización de frases largas, así como el decoroso lenguaje empleado,  imprimen de una belleza y un valor incalculable a esta asombrosa reliquia de la literatura clásica.

Una lectura que recomiendo a todos los que améis tanto como yo la literatura del XVIII, a Jane Austen, o a esos romances de época que te invitan a soñar y dejan volar tu imaginación hasta la última página escrita.

Citas hermosas

“—Mira, madre, cuanto más conozco el mundo, más me convenzo de que nunca encontraré un hombre que realmente valga la pena de ser querido. ¡Exijo demasiado!”

 

“—Conoce demasiado bien su propia valía para una falsa vergüenza —replicó Edward—. La timidez no es más que una sensación de inferioridad. Si yo lograse convencerme de que mis maneras resultan perfectamente graciosas y desenvueltas, no sería tímido. “

 

“Nunca es mi deseo ofender, pero soy tan neciamente tímido que a menudo parezco desatento, cuando sólo me retiene mi natural torpeza.”

 

“No es mi intención negar que tengo una gran opinión de él; que lo estimo profundamente, que me gusta.”

 

“Te imaginas que cualquiera que no sea como tú debe ser feliz. Pero recuerda que en algún momento todos sentirán la pena de separarse de los amigos, sin importar cuál sea su educación o estado. Toma conciencia de tu propia felicidad.”

 

“No fue mi intención ofenderte al referirme con palabras tan mesuradas a mis propios sentimientos. Créelos más fuertes que lo declarado por mí.”